Un lugar llamado Basurco

Cuando el viejo cine Rex quedó en manos de los socios fundadores del casino, el ilustre maestro don José Acosta Larios utilizó la pequeña cabina del proyector de películas para dar algunas clases particulares; debajo de la cabina se montó un ambigú; en el patio de butacas se colocaron sillas y mesas; en la plataforma de la pantalla se habilitó un escenario y se colocó un televisor, y durante los veranos se montaba una especie de balneario –hoy le llamaríamos chiringuito– en la playa de Basurco, un lugar de Ceuta muy vinculado a Villajovita.

Playa de Basurco con “la Isla” a pocos metros de la orilla. En primer plano la desembocadura del arroyo de Fez (Bacalao) convertido en vertedero de aguas fecales. Y al fondo las casas del Barrio de las Latas. Foto de Milan / 1977

Gregorio Basurco Iturrino fue un vasco de Azpeitia[1], nacido a finales del siglo XIX. En sus años mozos había sido levantador de piedras y siempre conservó un imponente físico. Marchó a Asturias para trabajar en el tendido de la vía férrea entre Mieres y la costa cantábrica, la línea que sacaba el carbón de la cuenca minera. En la patria querida se casó con una asturiana, Rosa Martínez Álvarez, y allí tuvieron a sus dos primeros hijos, Agustín y Marcelino –que será el padre de nuestro Gregorio Basurco Calle–. Con la experiencia acumulada llegó a Ceuta en el año 1909. Su barco fondeó en la bahía norte porque no existía aún el puerto ceutí. Por eso vino, para trabajar como capataz en el tendido de la vía del tren Benzú-Ceuta, que discurría por toda la costa. Ese tren sirvió para llevar la piedra de la cantera de Benzú que se usó en la construcción del muelle de la Puntilla.

Gregorio Basurco Iturrino y Rosa Martínez, un vasco y una asturiana que llegaron a Ceuta en 1909. Pioneros en la colonización de la zona de Villajovita. Su casa originó la toponímia Playa de Basurco. La foto es cortesía de Gregorio Basurco Calle.

Para facilitar las tareas de su empleado, la empresa edificó en Benzú una pequeña vivienda para la familia del capataz Basurco, y allí nació su tercer hijo. Como era el primer cristiano que nacía por tan lejanos predios, las autoridades municipales quisieron apadrinar a la criatura en un gesto simbólico de aunar culturas… pero intentaron imponer un segundo nombre: querían que se llamara Benzú-Hadú. Evidentemente, el recio vasco les mandó a hacer puñetas y la criatura se llamó Gregorio a secas, como su padre.

Cuando finalizaron estas obras también trabajó en el ferrocarril de Ceuta a Tetuán. Mientras tanto tuvo que abandonar su casita de Benzú y compró al señor Weil una pequeña parcela en un lugar muy solitario, casi en la playa Benítez, pero a la izquierda de la desembocadura del arroyo de Fez, entre la orilla y un abrupto terraplén que ascendía hasta la carretera Ceuta/Benzú. En esa casa nacieron el resto de sus hijos: Francisco y la pequeña Pepita. Durante muchos años la casa del capataz Basurco fue la única construcción de todos los contornos y se fue convirtiendo en la referencia para localizar cualquier otra cosa. Escasas eran las casas que había en lo que después sería Villajovita. El solar donde más tarde se construiría la Colonia Weil era una loma sembrada de cebada, y apenas había casas en la playa Benítez. Por tanto, las frases “el sitio de Basurco”, o “por donde Basurco” se fueron usando para indicar un determinado lugar, y acabó asentándose en la geografía de Ceuta como hito diferenciado. Así nació la toponimia de una zona que se reconoció oficialmente en la ciudad al cabo de un tiempo.

Con los beneficios de su trabajo, el capataz Basurco fue comprando los terrenos colindantes para construir casas para cada uno de sus hijos. Y con la ayuda de estos –y también por su iniciativa– fue poblando el lugar del terraplén hasta llegar a la carretera Ceuta/Benzú, en el tramo que más tarde se llamaría calle Padre Feijoo. En una de esas casas tuvo su escuela doña Pepita Basurco, hija pequeña del capataz. Esta labor de construcción fue continuada por sus hijos Marcelino y Gregorio (al que casi llaman Benzú-Hadú), incluso levantaron un emblemático edificio al final de la calle Góngora, por donde pasaron personas que han dejado huella en Villajovita. En ese bloque vivieron, entre otros, el padre Béjar; don Cecilio Alonso, profesor de literatura del instituto que nos abrió el entendimiento a muchos a fuer de hacernos leer el teatro de Buero Vallejo; don Arturo Company, profesor de dibujo al que le faltaba un brazo, y se las ingeniaba estupendamente para explicar en la pizarra ayudándose de un enorme compás de madera que tenía… y conducía un volkswagen escarabajo con una bola en el volante y un aplique en la palanca del cambio para cambiar con la pierna… y era capaz de sustituir una rueda pinchada él solito. Y muchos también recuerdan que en el edificio de Basurco vivió un profesor de árabe muy bajito –tal vez se llamara don José María–, tan bajito como bella persona, que llegó a ser un prestigioso catedrático de árabe en la universidad de Granada. Pero en la fachada trasera de tan culto edificio, frente al algarrobo, algunos malvados sólo se dedicaban a menesteres menos doctos… se les podía haber pegado alguna sabiduría, que falta nos hacía.

Extracto del Boletín Oficial de Ceuta de diciembre de 1932 en el que se autoriza a Gregorio Basurco a la construcción de una casa en la playa Benítez

Cuenta Gregorio Basurco Calle, nieto del capataz Basurco: “…era tan grande, tan fuerte y tan pesado que –según cuenta Alfonso ‘el guardia’– era un espectáculo verle, ya anciano, coger el autobús en la parada de la placilla de Villajovita. Esas camionetas se vencían completamente cuando el hombre ponía el pie en el estribo y tardaba un ratito en recuperarse con él dentro”… dicho de otro modo, era hombre que pisaba fuerte. Sí, personas como don Gregorio Basurco Iturrino, don Ernesto Weil y doña Jovita Casares, fueron los auténticos pioneros de nuestro barrio.

El patio de FeniCap. IVEnsalada de lapas. Los Batato

 

[1] Son recuerdos directos de doña Pepita Basurco y Gregorio Basurco Calle, hija y nieto del capataz Basurco.  

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