Reflexiones y recuerdos

Carmen Mari Pendás

Nuestro barrio era tranquilo, pero si nos paramos a recordar y nos imaginamos que lo vemos desde arriba, dominando todas sus calles, lo que por ellas corría era alegría, mucha alegría; y filas, filas por todas las calles y cantando, la mayoría de las veces “a grito pelao”.

Casi todas las mañanas bajaban por Benito Feijoo, pasando por delante de la Colonia y La Placilla, filas de soldados que iban de maniobras. Cantando, claro. Casi todos sabemos lo de “Soy el novio de la muerte…” y otras más

Tampoco olvidamos los Rosarios de la Aurora. Respetuosa fila. Cantando, claro. En esta fila eran las madres las que se lucían. De vez en cuando sacaba alguna de ellas una voz casi celestial que todos admirábamos.

Cuando venían los misioneros éramos los niños los que, en fila como siempre, íbamos en misión por las calles y llegábamos hasta La Puntilla. Cantando, claro. Esta vez sí que a grito pelao:

Un dos, a la misión.
Un dos tres, que vaya usted.
Un dos tres cuatro,
que no quede en casa na más que el gato.

Por cualquier calle había filas de niños jugando. Para jugar a saltar la pelota después de dar en la pared, para saltar a la cuerda, para todo filas. Cantando, claro. Saltando a la cuerda con canciones tan profundas como:

Te has equivocado, Juan Manuel…
Con Eurovisión no hay que jugar…
La culpa fue tuya, por querer cantar…
el La, la, la en catalán

O este homenaje a nuestro querido chicle al saltar los dubles

Que una, dos y tres…
El chicle…
BAZOOKA …
se estira…
se explota..

¡Todo nuestro barrio lleno de filas y algarabía! Hasta las hormigas seguían tranquilamente sus filas por el borde de las aceras hasta sus hormigueros, que, una de nuestras diversiones era despistarlas poniendo un palito en ángulo con la acera para que la hormiga cogiera por el camino del palito y se saliera de la fila… (éstas no sé si cantaban, claro) Sí veíamos que se ponían muy nerviosas, buscando sus filas.

Y aquí mi reflexión sobre esto: Yo no creo que tuviéramos ningún trauma filero. Al revés, fijaos en el estrés de la hormiga que se despistaba. Sólo un grupo de seres llenaba las calles así, a lo bruto, en tropel: ¡¡las cabras!! Aparecían de pronto con un alboroto enorme de cencerros y sonidos (y olores) y ¡no iban en fila!

Sin embargo, siempre se ha dicho eso de “estar más loco que una cabra”… Aunque estas sí cantaban: ¡Beeeee, beeeee!, claro.

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