Primeros colegios

Grupo Escolar

La primera escuela que hubo en el barrio se construyó en madera, sobre el solar que doña Jovita cedió al municipio. En 1931 ya era un rotundo edificio de varios pisos; y en la planta baja se instalaron las tres unidades del Grupo Escolar de Villajovita –un aula de chicos, una de chicas y un parvulario mixto–. Se entraba por el patio, en la calle “I”, frente a la primera casa del tío Asensio Guerrero. En esa escuela debió ejercer su vocación un notable maestro llamado don Domingo González, que años más tarde dio nombre al Grupo Escolar que centralizó la educación estatal en el barrio[1]. Pero la primera docente que dejó un recuerdo que aún perdura fue doña Isabel Larios, que llegó a Ceuta en 1932. En ese momento ya era viuda, tenía 37 años y cuatro hijos. Vivió en la llamada Casa de las Conchas, en la cuesta Genaro Lucas, y en la planta baja, en una escuela que posteriormente se llamó Santo Tomás de Aquino, comenzó su trabajo docente. Poco después, gracias a su título de maestra nacional, pasó al Grupo Escolar para continuar allí su labor.

En las aulas de este colegio desarrollaron su docencia un grupo de maestros nacionales por cuyas manos pasaron numerosos alumnos: doña Isabel Larios y sus hijas doña Isabelita y doña Remeditos Acosta; don Alberto Rodríguez Hurtado de Mendoza, padre de Chirri y compañía, que vivían en el portón; doña Victoria, doña Aurora; y también doña Puri, hija del cartero. Muchas niñas del barrio pasaron por esas aulas; Mariquita y Angeli fueron alumnas de la tía Isa y competían entre sí para disfrutar la honrilla de ser nombradas Reina del Dictado cuando superaban la prueba sin faltas de ortografía.

La miga de doña Pepita.

Elenita León, Guillermo Sánchez, Eloisa Gómez y Mª Carmen López asistieron a otro ilustre colegio del barrio, el de doña Pepita Basurco, que estaba casi en la playa del mismo nombre. Eleni, así la llamaba doña Pepita, recuerda muy bien a la maestra que le enseñó a leer en esa pequeña miga, es decir, pequeña escuela de barrio. Andrés Gómez Fernández nos ilustra en un interesantísimo artículo[2]la consideración y el concepto que tenían estas singulares escuelas:

En principio era una ‘amiga’, es decir, una maestra de escuela de niñas. Su escuela se convertiría en una ‘amiga’. El gran poeta Góngora nos los recuerda en estos versos:

Mañana que es fiesta
no irás tú a la ‘amiga’
ni yo iré a la escuela

Con el tiempo la palabra ‘amiga’ –como centro– se convirtió en ‘miga’, que seguía siendo un colegio no oficial, donde, o bien, los alumnos asistentes –generalmente niñas– no estaban escolarizados en otros colegios, o bien, porque funcionaba en tiempo de vacaciones escolares. Era habitual que el colegio, la ‘miga’, fuese regentada por una persona no instruida, sin titulación oficial, casi siempre una mujer…

Nadie olvida a su primer maestro, y Elenita León no lo ha hecho. Doña Pepita Basurco no sólo enseñaba en su miga la técnica lectora, ni se conformaba con que sus niñas aprendieran normas de urbanidad de obligado cumplimiento, ella enseñaba valores algunas décadas antes de que se inventara tal concepto. Recuerda Elenita que doña Pepita les inculcó porqué había que dejar el asiento del autobús a los mayores –no la obligación–. Y recuerda que en una ocasión alguien llamó a la puerta de la minúscula escuela (el saloncito de su casa) La niña que, comisionada por la maestra, abrió la puerta, se encontró con un mendigo que pedía limosnas. La niña, a continuación, cerró la puerta al pedigüeño sin darle ninguna oportunidad. Este hecho sirvió a doña Pepita Basurco para explicar un concepto de igualdad entre los hombres que ha servido a Elenita desde entonces.

Grupo Escolar de Villajovita. La enseñanza estatal se centraba aquí. Era el colegio de don Alberto, doña Remeditos y doña Isabelita Acosta, entre otros. Foto cortesía de Luis H. De Loma.

La del Cartero.

Otra escuela de mucha enjundia en Villajovita fue la del Cartero, don Francisco Herrera Artacho, que compaginaba sus repartos postales con la enseñanza. La Escuela del Cartero estaba en su propia casa[3], y sus hijos, doña Puri y don Paquito, complementaron la oferta del padre dando clases de preparatoria a niños de nueve y diez años (Pepe Anita, Guillermo y Quica, entre otros, asistieron a sus clases) El objetivo era preparar lo que se llamaba el ingreso, una prueba que se hacía con diez años para comprobar si el nivel de cada niño era suficiente para comenzar a estudiar bachillerato en el único instituto que había en Ceuta. Y por las tardes, a partir de las seis, una vez que salíamos del instituto, don Paquito daba sus clases particulares. A esta escuela asistió, entre otros muchos, Pepe Anita y lo recuerda muy bien. Por otro lado, Paquito Inniagaraga y José Mª Ramírez Chaves Lali hicieron la preparatoria con don Rafael Pérez López, que tenía su academia cerca del local de Juan Fernández, el barbero.

Las hermanitas Sentís Bravo, Rosi y Antoñita, en la escuela-capilla de la Colonia Weil. Alumnas de doña Remeditos Acosta, 1958. (Nunca he sabido porqué nos hacían salir en la foto cogiendo un taquito de hojas del libro que fuese) Cortesía de Rosi Sentís.

Santo Tomás de Aquino.

A la escuela de don Juan Romera Tudela y su hijo don Modesto –el colegio Santo Tomás de Aquino[4] que antes fuese regido por doña Isabel Larios–, en la calle Genaro Lucas, asistían principalmente niños de la Colonia Weil y también fueron sus alumnos Pacheco, Ariza, Pitoño, José Carlos Varea, Aquilino Melgar, etc.

El padre de José Ramón López Díaz–Flor fue otro docente que ofreció clases particulares en su casa, que estaba en el mismo portal que el cartero. Don José Acosta Larios daba algunas clases particulares en la cabina del antiguo Cine Rex, que luego se convirtió en el Centro Cultural o Casino de Villajovita. Muchos niños de entonces conservan un entrañable recuerdo de este buen profesor. Y la oferta educativa del barrio se completaba con la escuela de don Francisco Canto Córdoba, que inicialmente estaba en su propia casa y luego se trasladó al lugar definitivo[5]. No, no escaseaban los maestros en el barrio en los años 60, por eso decimos que era un lugar afortunado.

El parvulario de Juanjo León y Pedro Rey, en el sótano de la casa León Molina. Sótano muy versátil… fiestas de Fin de Año, sesiones de teatro y parvulario inolvidable para multitud de niños (hermanos Villada López, Marisol, Chari Caballero, Javier Mesa, etc.) La foto es cortesía de Marisol López, debía ser el año 1966.

San Luis Gonzaga.

A Pepito Acosta no le enseñaron su abuela Isabel o sus tías, ni siquiera su padre, todos ellos docentes. Su primer maestro fue don Francisco Almandoz Arburúa, el cura párroco de la Iglesia de San Juan de Dios de Villajovita a finales de los años 50. Recuerda que daban las clases en la capilla–escuela San Luis Gonzaga, que don Ernesto Weil había levantado en la Colonia dedicada a su padre, don Luis[6]. Ese modesto edificio fue el precedente de la propia iglesia. El buen sacerdote corría una cortina para preservar la imagen y el sagrario, y las bancadas de los feligreses se convertían en los pupitres de las dos unidades de la pequeña escuela. También en esa capilla–escuela dieron clases don Juan Fernández Ragel (hijo del barbero), marido de doña Puri (hija del cartero), y doña María Luisa Ruiz Plaza. Poco tiempo después les sustituyeron don José Mata Serrano y doña Remeditos Acosta Larios. Rosi y Antoñita Sentís y Mati Acosta fueron alumnas de esta última. Eso ocurría antes de comenzar la década de los 60 y nos muestra que la imbricación decimonónica entre iglesia y escuela se mantenía con facilidad en la España nacionalcatólica y preconciliar que teníamos. La formación que recibíamos los niños de entonces estaba totalmente integrada en la doctrina de la iglesia. No era concebible la menor desviación, pero, claro, Pepito Acosta, hijo y nieto de maestros, no tenía ni puñetera idea de estas cosas.  

Cap. VIIMi princesa Sigrid

 

[1] Estas referencias y las de Dª Isabel Larios están extraídas de “Todavía hoy, Ceuta”. Ricardo Lacasa Martos. Ceuta, 2002. Pág. 185 y siguientes.  

 

[2] Véase “Una gran maestra (doña Pepita Basurco)”. Pueblo de Ceuta, 14 de Agosto de 2005  

 

[3] Andrés Gómez Fernández publicó el 21 de Agosto de 2005, en el diario Pueblo de Ceuta, un entrañable artículo sobre “La Escuela del Cartero”, y recuerda, entre otras cosas, los trucos que tenía para realizar enormes sumas, y cómo transmitía ese conocimiento a sus alumnos.  

 

[4] Véase el artículo de Andrés Gómez Fernández “El Colegio de don Juan”, publicado en el Pueblo de Ceuta el 3 de Septiembre de 2005.  

 

[5] Sobre Paco Canto véase el artículo de Andrés Gómez Fernández “Un maestro incansable”, publicado en el Pueblo de Ceuta el 27 de Agosto de 2005.  

 

[6] Para más datos véase el espléndido trabajo de Andrés Gómez Fernández “La escuela-capilla San Luis Gonzaga”, publicado el 15 de Octubre de 2005 en el Pueblo de Ceuta  

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