Primer Belén viviente

( Diciembre de 1.966 )

Pepe Zamora

Todo empezó como todos los años. Desde muy niño ya fui belenista, gracias a una enfermedad que me metió en cama más de un año. En éste periodo de tiempo, confeccioné más de cien figuritas de barro con las que monté durante muchos años el clásico belén en mi casa. Desde entonces he venido montando belenes por donde he ido, aún hoy día lo sigo haciendo.

A primeros de diciembre de 1966, me habló el Padre Béjar de montar el belén parroquial. Yo le comenté porqué ese año, no hacer un belén viviente. A él le pareció una gran idea y a mí el tener el sí, para llevarlo a cabo. ¿Qué riesgo podíamos correr? La materia prima la teníamos, los niños de catequesis. En un principio no creíamos que esto iba a tener tanta trascendencia como la tuvo. Yo tenía 27 años y estaba próximo a casarme. Sabía que el montaje no costaba un duro, porque todo salía de cualquier sitio; madera, cartones, todo lo que necesitábamos, hasta maquilladora y peluquería para los niños, lo teníamos y gratis. Todo el mundo estaba dispuesto a colaborar. Hoy día cuando montamos algo lo primero que hacemos es el presupuesto. Por mis conocimientos en oficios, no tenía problema alguno en el trabajo de la madera, ni electricidad, y así fuimos dándole forma a las distintas partes que construimos. Si había un molino éste tenía que mover las aspas, así que buscamos un motor y le acoplamos las aspas. Todo iba saliendo cómo lo habíamos pensado. Los angelitos colgados en un árbol artificial donde había una base o peana para que se pudieran mantenerse de pié y una buena iluminación que realzara todo este escenario.

Todo iba perfectamente cuando llega la hora de pensar con qué animales contábamos. Había que buscarlos. Aquí entra el poder de convocatoria del sacerdote, que se lo pintaba, y a través de amistades lo consigue todo. A nuestra disposición burro, corderos y al final hasta una vaquilla. Animales que a la hora del montaje tenían que estar con bastante tiempo en la parroquia, personándose un campero con todos ellos. Eran otros tiempos, no digo que eran mejores ni peores, sino que eran otros. Este hombre venía desde el Monte Ingenieros, de un cortijo que había por encima de la calera, a traemos los animales y esperaba hasta el final para llevárselos.

Hay que resaltar a las madres de las niñas y niños que intervinieron en el montaje, confeccionando la ropa de sus hijos para este evento. Era impresionante, a cada niño no le faltaba nada, resaltaban hasta el último detalle; ¡qué imaginación! Además buscaban el animal que su hija tenía que llevar o el cesto de verdura, ropa de lavandería, ¡yo que sé! con qué agrado prestaban su ayuda al montaje. Gracias a todas estas madres.

Se hizo una sola representación. Cuando llegó el tan señalado día, la iglesia se nos llenó de niños, todos uniformados de pastores, angelitos, lavanderas, mesoneros pastores. Aquí entra la labor de Jósman y su novia Marisa, dándole a cada niña su toque de pintura y peine. De antemano estaba fijado como iría vestido cada niño.

Toda la tarde fue de retoques y colocación de cada niño en su sitio de actuación. Era asombroso, todos sabían como debían de estar y cómo comportarse: yo les decía que no se debía hablar ni moverse y lo cumplían a rajatabla.

En un principio la burra que estaba en el portal andaba un poquito nerviosa; el animal extrañaba esta situación y lo que quería era marcharse, salir corriendo. A Mari Lesme, esto le daba pánico y ella hacía de Virgen Maria por lo que tuvimos que separar a la burra con unas maderas, como se ve en la fotografía del portal, foto que luego, con gran acierto, valió para hacer tarjetas de felicitación de navidad. El padre Bejar me felicitó la navidad siguiente, yo ya estaba en Vitoria, y todavía la guardo con gran cariño. Me decía:

” Os deseo muchas felicidades en vuestras primeras navidades de casado . Os echamos de menos en el jaleo del Belén, parece que saldrá . Vuestro en el Señor . P. Béjar.”

El escenario del belén estaba ubicado en un monte que lindaba con la iglesia en su parte posterior, monte que le llamábamos de los cristales, porque era el vacie de los cristales de botellas rotas de la fábrica de Weil, por cierto hacían una bebida que se llamaba FRUCHAMPAN.

Llegó el momento tan deseado por todos, encendí la iluminación, que se hacía desde el Centro Parroquial y no cabíamos de la cantidad de gente que se aglomeraba por todos los sitios. Aún recuerdo con alegría esos momentos. Bueno… esos y todos, porque aquello fue apoteósico. Nació algo que nunca se había hecho en Ceuta.

Nos honramos con la presencia del Sr. Alcalde, no me acuerdo su nombre, era joven y delgado y venia acompañado de una mujer, creo que era su esposa. Me lo presentó el padre Béjar y me preguntço si existía la posibilidad de hacer el montaje en el Puente Almina, el día 31 de diciembre. Yo le dije que no disponíamos de medios tanto de montaje como de transporte y él me respondió que eso no era problema, que tendría a mi disposición todo lo necesario, que fuera hablar con el encargado de obras del ayuntamiento. Así lo hice, y se empezaron los trabajos. El RMING7 colocó una tarima, el Ayuntamiento toda la iluminación, aquí pierdes los papeles, nosotros sin medios y aquí todo sobra, comprendí lo que era la triste pobreza, pero bendita ésta, este día 24 siendo pobres éramos los más ricos en alegría, en cariño, en ayuda, en ganas de hacer y vivir, afrontamos las situaciones con lo que teníamos y éramos mucho más felices.

El día 31 llegó y con él, el momento deseado. Frente a la tienda de Miguel y a la entrada de la Colonia Weil, esperaba a nuestra disposición un autobús de HERAS BENÍTEZ que nos llevaría al Puente Almina para ofrecerle al pueblo de Ceuta nuestra participación voluntaria y desinteresada. Subimos a todos los niños como pudimos porque no sólo eran los niños sino también los animales y había parido la abuela, trajeron hasta una vaquilla, un ternerito, animalito aportado por el dueño de la misma finca que nos prestó los animales. Nunca conocí a este señor, era influencia de Bejar. Aquello era una odisea, montar un burro y una vaquilla en un autobús más todos los animales: cabra, corderos, gallinas, ¡que locura!, los montamos, los bajamos y nos lo trajimos, como solemos decir “sin novedad”.

El misterio estaba formado por Mari Lesme, que hacía de virgen, César que hacía de San José y los pastores eran Pedro Arriaga y la hija de Maruja Cabillas, como puede apreciarse en la fotografía de las referidas tarjetas.

El único fallo, entre ambos belenes, si se puede llamar fallo, era un problema de visión, de panorámica, los personajes del Belén de la parroquia estaban más bajo que el público y éste podía verse en toda su extensión, sin embargo el otro, estaba colocado encima de un escenario de un metro y media de alto, por consiguiente se perdía visión, sobre todo, si el público se acercaba más al escenario. Esto son detalles que hay que tener en cuenta a la hora de querer, que todo ofrezca una buena visión, así como evitar ángulos muertos.

En el belén parroquial, hay que resaltar la actuación de una niña que hacía de angelito colocada encima del portal, a la derecha de la virgen y en lo alto, aquella niña debería tener unos dos añitos, ¿Cómo aquel angelito aguantó el tipo? Seguro que hoy día será un verdadero ángel. Me gustaría tener una foto de este angelito. Y no digamos, conocerla.

Así comenzó y terminó el primer belén viviente de la parroquia. De aquella unión bién queda poco, el destino nos separó y se pierden los contactos, menos mal que al menos queda ese recuerdo bonito y maravilloso, que perdurará por siempre en cada uno de nosotros y que recordaremos con alegría. El éxito, no cabe duda de todo esto fué el haber tenido un sacerdote como el padre Béjar. Dios le bendiga.

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