Patria

Miguel Ángel López Moreno [1]

A veces nos encuentra una pequeña frase con el poder de abrir un universo desconocido. No tiene que ser una gran frase, ni estar acotada en un compendio de sabiduría… no recuerdo la frase literal, pero venía a decir que la verdadera patria del hombre es el primer paisaje que quedó en su retina. No decía más, pero coincidió en el tiempo con la recuperación de la memoria común de muchos niños (hoy cincuentones) que vivimos en el mismo espacio y en el mismo tiempo: el barrio de Villajovita, Ceuta, en los años 60 del siglo pasado.

Tuve el placer (casi el deber) de escribir un libro –Crónicas de Villajovita– con las andanzas de aquellos niños, y mientras lo hacía me fui dando cuenta de que cada uno de esos niños pertenece a la memoria de los demás, y que el entramado de recuerdos comunes constituye una red sutil que nos une. No solo es el espacio físico del barrio, ni es la coincidencia en el tiempo y en la forma de vivirlo… es algo más. Servidor de ustedes, que gustaba de pensar de sí mismo que era hombre sin un amor especial a las patrias, se encontró entendiendo ese concepto… y dejándolo por escrito en las Crónicas de Villajovita…


Nadie es mejor por haber nacido o vivido en un lugar. El que crea eso debería viajar más y escuchar a más gente. Al fin y al cabo, nacer y vivir la niñez en un espacio físico es un accidente. Sólo somos mejores personas en la percepción de los otros, no en nuestro concepto. A lo sumo seremos más afortunados por haber nacido o crecido en un lugar, pero no mejores, ni merecedores de otros derechos.

Puede que la única patria verdadera del ser humano, aunque no lo sepamos, sean las calles empedradas o embarradas que cada uno pisó en la niñez; es decir, el primer paisaje que tuvimos y que perdura en la retina y en la memoria. Si fuera así no deberíamos perderla. Tal vez la única bandera defendible sea la que enarboló inocentemente la pequeña tribu que formamos en esas calles del barrio… las otras fueron añadidos posteriores, fueron aprendidas en las enciclopedias del señor Álvarez y en los tebeos de hazañas bélicas, o nos fueron explicadas con soflamas en el No–Do…

…a veces torpemente.


Y en la dedicatoria a Maribel, una de aquellas niñas del barrio:


En esto habrá muchas teorías, pero a mi me parece que la mejor patria del hombre debe ser el primer paisaje humano que recuerda; debe ser el lugar que vio el amanecer de sus primeros sentimientos, el entorno donde aprendió a distinguir Sur y Norte, y no sólo en sus conceptos geográficos. Seguramente la primera patria se debe formar con las palabras oídas a nuestros mayores, pero sobre todo, esa patria original la forman las miradas que llenaron los primeros sueños…

Yo recuerdo la mirada de Maribel, una de las niñas invisibles del barrio. Invisible porque tenía ocho años cuando nosotros catorce. Era una pequeña rubia de ojos risueños. Y hoy, al cabo de casi cuarenta años, ríen igual a pesar de la vida que los atravesó.

Gracias, pequeñaja, por formar parte de nuestra pequeña patria.


Y gracias a vosotros, los Niños Vi.Jo., los de Villajovita, por enseñarme (¿quien lo diría?) qué cosa es la patria y, sobre todo, por enseñarme que el cariño, cuando se superpone a ideas opuestas, se transforma en tolerancia… y estamos todos muy necesitados de tal cosa.


 

[1] Publicado en El Blog del Milano, 23 de febrero de 2007

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