Miguel Ángel López Moreno

responde al glosador

Señor presidente, autoridades, queridos amigos. Gracias a todos por arropar este acto. Especialmente agradezco la presencia de Nuestros Mayores, miembros de esa generación que nos precede, la que nos abre camino y nos enseñó de qué iba esto de crecer… sois los que soportásteis los pelotazos en la puerta y nuestros gritos… todos vosotros personas de primerísima fila.

En realidad yo no estoy aquí debido a las cosas (méritos o maldades) que Paco ha dicho de mí… no, no estoy aquí por eso. La verdad es estoy aquí, simplemente, porque hace 40 años era uno de los niños que correteaban por las calles de Villajovita, un pequeño barrio de una pequeña ciudad como Ceuta. Pero ni siquiera eso es mérito suficiente para hablar desde esta mesa… porque, al fin y al cabo, todos corríamos por esas calles. No, vivir la niñez en un lugar u otro era algo que nos venía dado, no era nuestra voluntad, por tanto tampoco eso es mérito suficiente para estar aquí. Pero, que hayamos recuperado el cariño y la cercanía después de tanto tiempo, ¡sí es valioso! Por esto sí merece la pena que estemos aquí compartiendo este momento… y para mi es un privilegio hacerlo desde esta mesa.

Desde luego, algo singular debió tener Villajovita, nuestro barrio, para que después de 40 años de vidas divergentes, para que después de la diáspora que nos llevó a decenas de lugares diferentes, después de habernos labrado una vida totalmente al margen del barrio… una vida que nos ha hecho a cada uno ser como es, de izquierda o derecha, creyente o descreído, diligente u holgazán… nos haya vuelto a reunir a pesar de todas las dificultades… algo debió pasar allí para que hoy día mantengamos una cierta conciencia de pertenecer a un lugar… a una memoria común. Y ese algo singular es una cuestión que muchos tratan de explicar.

Alguien de nosotros dejó escrito lo siguiente en el espacio virtual que hemos creado:

“…no dejo de pensar en estos hombres y mujeres -tan serios, fríos y eficientes en sus quehaceres diarios-, que cuando se reúnen y recuperan a los niñ@s de Villajovita que fueron, se vuelven cariñosos y se besan una y otra vez, y se rascan la espalda como cachorritos… ¿Qué coño pasó en Villajovita hace 40 años?”

Este libro, de alguna manera trata de explicar esto. Es decir: porqué los cincuentones que hoy somos, se abrazan, ronronean y se rascan la espalda con tanto cariño después de 40 años sin verse… Si cuando terminéis de leer este libro (si es que alguno tiene la osadía de intentarlo) comprendéis esto, y lo percibís como una consecuencia de lo que vivimos en aquellos años, de lo que aprendimos de nuestros mayores, entonces el libro habrá cumplido su propósito.

Los protagonistas de las Crónicas son los propios niños y sus mayores, con nombres y apellidos reales; que nadie se sorprenda. Y relata situaciones reales. Hechos concretos, que ocurrieron en los años 60 en Villajovita. Son cosas sencillas que van componiendo una historia trabada con todos los personajes. No es, por tanto, un libro que surja de investigaciones archivísticas porque sólo habla de la memoria común de unos cuantos niños (ya sé que no son todos los que fueron, muchos quedan fuera, simplemente porque la memoria es muy frágil), habla de momentos compartidos (la forma de acercarnos a la parroquia, de alejarnos después, del descubrimiento del amor,  esa extraña cosa), de las emociones que modelaron nuestro modo de ser en el corto espacio de los años 60… unos pocos años, pero muy singulares porque empezaron prácticamente con los últimos coletazos de la posguerra y terminan en la modernidad… comienzan cuando muchos éramos niños y acaban en la primera adolescencia. Es decir, tanto el tiempo histórico como el tiempo biológico de cada uno de los protagonistas, son momentos muy interesantes, momentos que se prestan a numerosas reflexiones.

De sobras sé que este libro no pasará a la historia de la literatura porque servidor no es Cela ni Vargas Llosa, ni siquiera Marcial Lafuente Estefanía. Tampoco contiene sesudas reflexiones sobre una época; ni explicaciones enrevesadas para entender travesuras, motivaciones… no habla de moral, ni de ética… pero está lleno de un enorme cariño hacia todos los que acompañaron nuestra niñez, pequeños y mayores. Yo creo que si por algo es valioso este libro es por eso, por el cariño que atesora.

…y hablando de cosas valiosas… me vais a permitir un pequeño inciso para un asuntillo personal que tengo pendiente:

Mirad, hace justo tres años el ayuntamiento de San Fernando me publico un libro. Y en ese momento cometí el enorme error de no dedicárselo a mi compañera. Se enfadó conmigo (con toda la razón, además) porque ella  tuvo que soportar en silencio todo el proceso… bueno, pues este segundo libro… tampoco se lo he dedicado. Pero como está acostumbrada, no se ha enfadado. Parece que lo tiene asumido y lleva lo suyo con mucha discreción… a pesar de todo, por favor, me gustaría dedicar a la Bala este aplauso que os pido…

Pues no. No está dedicado a la Bala, está dedicado a los cincuentones que ya no están con nosotros… La vida nos enseña su implacable ley, nadie escapa a ella, pero a veces se adelanta y eso duele más por inesperada. El libro está dedicado especialmente a Cóico, José Mª Coiduras… con el que tengo la horrible sensación de no haber llegado a tiempo por muy poco.

Un libro como este no se puede hacer sólo… yo no sabría hacerlo sólo. Tengo que agradecer, por tanto, a numerosas personas su ayuda, sus recuerdos, sus secretos inconfesables, sus ánimos… (No os voy a nombrar porque dejaría a alguno fuera y no sería justo) Ha sido fundamental comprobar las prisas y la ilusión que muchos tenían por ver impresas estas crónicas. Y eso ha sido decisivo para poder terminarlas.

También debo agradecer al Instituto de Estudios Ceutíes, en la persona de Simón Chamorro, la atención que prestaron al borrador de Crónicas, la valoración positiva que hicieron de él… y me gustaría disculparme por no haber aceptado finalmente la posibilidad de que ellos lo editaran. Desde el punto de vista del autor habría sido muy halagador esa edición… yo creo que no supe explicarle correctamente por qué renunciaba a su edición… y ahora creo que lo entenderá mejor. Simplemente era un reto fascinante recuperar nosotros mismos la memoria de un barrio en forma de libro; sacar adelante su edición a pesar de la distancia, del tiempo, de las ausencias… Haber reunido las voluntades para sacar adelante la edición de este libro ha sido un trabajo muy gratificante. Por eso renunciamos a la edición del IEC. De todos modos gracias por la atención que nos dedicasteis.

Gracias, por supuesto, al gobierno autónomo de Ceuta por las facilidades para celebrar en este digno lugar la presentación del libro. A Adelaida, nuestra quintacolumnista en el meollo, te debo tres besos… ya se los he dado.

Y quiero terminar explicando que este libro solo es una pequeña parte de la memoria compartida por algunos niños. Unos niños que nos hemos sorprendido al comprobar que aún mantenemos esa memoria común (parte de la cual queda recogida en el libro) Y eso nos convierte en cómplices… y que la complicidad nos mantiene cercanos a pesar de los años y de la distancia. Y que el elemento común de todo esto (es decir, lo que nos hace cómplices y nos mantiene cercanos) es el barrio: es Villajovita. Es Ceuta, un lugar minúsculo si miramos un mapa, pero que se nos ha hecho enorme en el corazón. Para mí, amigos, es un privilegio ocupar un lugar en vuestra memoria.

Un beso a todos.

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