Mi colección por un aguinaldo

Pepe Carracao

Una vez, en vacaciones de Navidad, recuerdo que llovía mucho, estábamos refugiados en el portón de Chirri, jugando como no podía ser de otra manera a “los pelotazos” y apareció un Señor, que repartía las notas del Instituto (sí, hubo un tiempo que fue así). Pude ver que llevaba las mías (de verdad unas excelentes calificaciones) pero llevaban una nota grapada a ellas, en la que se decía que era muy charlatán (quizás de ahí venga mi “afición” actual) y que por lo tanto mi comportamiento dejaba mucho que desear. Me imaginé como se pondría mi padre al conocer esa nota y traté que el Sr. me la entregara a mí, para obviamente hacer desaparecer el escrito añadido. No hubo forma. El tal, quería hacerlo personalmente, sin duda buscando el aguinaldo de Navidad. Yo evidentemente no podía ofrecerle nada.

Recuerdo que recibí el peor de los castigos, mi padre se llevó para su trabajo el cajón inmenso de tebeos (prácticamente la colección del Capitán Trueno, el Jabato, el Cachorro, Roberto Alcázar y Pedrín, Mendoza Colt, el Guerrero del Antifaz, el Sargento Furia, Hazañas Bélicas, Superman y seguramente algunos DDT y TBO (no, no estoy seguro que hubiese alguno del Hombre Enmascarado de Milán, -porque era durillo para prestarlos-) ¿os imagináis que hizo? Sí, los quemó. No existía marcha atrás, los quemó.

Os podéis imaginar el dolor, el desgarro tan inmenso; yo que había perdido la vista, leyendo a la luz de una vela, puesta en la puerta del excusado, porque no había en él luz eléctrica, que me pasaba las horas muertas leyendo en el retrete, que se me quedaban las piernas dormidas de estar sentado tanto tiempo leyendo. Aún recuerdos frases espléndidas: “Maldito Cacholo tu matal a mi helmano Mano Velde“. Ahora sólo me queda el consuelo de comprar ediciones reeditadas y busco por los Mercadillos ejemplares originales como un “descosío” y algunos consigo.

Bueno, cuando lo recuerdo me echo a llorar, ¿cómo pudo mi padre, todo bondad, tener aquel mal momento?

La verdad es que el mal momento era el mío, que junto con Longoria, Bazagas Miras, Lagares, Caravaca, los Bejaranos, Cordente y otros, nos meamos en la clase del cura Eugenio, que el pobre era muy viejecito y sordo y se cansó de darnos permiso para salir a mear, así que Moreno, el bedel, con su vara india nos cruzó las nalgas y nos llevo a D. Francisco Boiguez, entonces Jefe de Estudio, luego lo fue el Sr. Fradejas: “Pepe lapos“,que daba guantazos de todos los colores (nadie lo acusó, al menos formalmente de malos tratos) y a partir de ahí…

…joder, ¡¡poned un poquito de vuestra parte, no os lo voy a contar yo todo!!.

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