Mariposas en el estómago

El primer beso de amor.

Pero cuando surgía el amor se olvidaban las reflexiones sobre el sexto y el noveno. Esas cuestiones se convertían en papel mojado, en cosas que ocurrían en otra galaxia. El primer amor, el primer beso en los labios, eran historias de hadas… así ocurría en ese tiempo, y así debe ocurrir hoy día. Hay cosas eternas, cosas que los tiempos no pueden cambiar a pesar de las apariencias: sentir, por ejemplo, el revoloteo de mariposas en el estómago…

Mi primer amor fue Jorge[1], hermano de mi mejor amiga. Aquello fue cosa de niños y yo al menos estuve muy pillada. Recuerdo que empezamos a tontear cuando yo estaba en 3º de bachiller y Jorge en 5º, con trece y quince añitos. Nos veníamos andando desde el instituto, charlando, riéndonos y mirándonos embelesados. Mi hermano me chantajeaba con decírselo a mi madre. Con la excusa de ver a mi amiga, tenía muchas oportunidades de verle a él, y así estuvimos unos pocos meses hasta que no recuerdo por qué razón, nos enfadamos. Seguro que fue una tontería. Pero poco después, cuando supe que me tenía que marchar de Villajovita, nuestro amor renació con más fuerza.

Era un sentimiento precioso, la primera vez que se sentían esas mariposillas en el estómago cuando nos mirábamos y sonreíamos. Porque no hubo más. A lo mejor unas tímidas cogidas de manos sentados en la higuera que crecía frente a su casa o escuchando música en su patio. Pero lo he recordado siempre con un inmenso cariño. No se olvida fácilmente a quién te da el primer beso de amor, el primero en los labios. Y menos en aquel tiempo. Fue una tarde de mi último verano en Villajovita, ese pequeño y entrañable barrio de Ceuta. Ya notábamos el dolor de la separación y nos pusimos a bailar en su patio, al atardecer. No estábamos solos, pero nos daba igual. Recuerdo que cantaba un italiano, tal vez Gianni Morandi, algo que decía “…y cuando en la noche te encuentres muy sola, recuerda los besos que yo te di”. Y, ¡zas!, Ocurrió. Apenas un leve roce en la boca y nos abrazamos con fuerza. No quería que aquella noche terminase. ¡Era todo tan mágico! Pero mi familia se marchó de Ceuta, y yo con ellos. Mis primeros días en el exilio los pasé llorando… pero, aunque la vida nos arrolla, ahora nadie me puede privar de ese recuerdo.

Primeras dudasCap. VIIIProhibido conocer

 

[1] Jorge es un nombre ficticio, pero la historia es real.  

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