Los “mandados”

Miguel Ángel López Moreno, Milan

En torno a 1960, cuando servidor y su familia llegaron a Villajovita, mi madre me mandaba a comprar a la tienda de Mateo. No recuerdo qué vínculos tenían mis padres con éste señor. Pero yo no solía ir a su tienda y me iba a la de Antonio, que estaba dos puertas más arriba… y, naturalmente, el bueno de Mateo se mosqueaba conmigo, pero el hombre me daba caramelos para crearme la querencia. No lo consiguió, y seguí comprando en Antonio… ¡a pesar de que los huesos salados que vendía tenían gusanitos! y se los quitaba a pellizcos, con las uñas… pues aún así, prefería eso a la zalamería de Mateo. Más tarde, cuando la madre de Sedano puso su tienda a diez metros de mi casa, compraba allí… y a veces, en la de Morant, o en la de Mariné.

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