Los 3 mosqueteros

De cómo un paquete de pipas  puede marcar nuestra vida

Nieves Lesmes Cabillas

Tres chicas como nosotras —Carmen Mari, Pepi y Nieves—, que los domingos nos tocaba ir al cine, lo primero que gestionábamos era qué ropa nos íbamos a poner. Y desde el sábado, nuestros Tres Mosqueteros —Mancilla, Miguel y Santi—, como el que no quiere la cosa, nos preguntaban por la película pero sin decir claramente que querían venir; se suponía que ellos tenían sus planes masculinamente serios y nosotras los nuestros. Y aquí empezaba la actuación: pasábamos toda la tarde debatiendo si iríamos al Cervantes o al África, más que nada para que ellos se enteraran de nuestros planes.

Y el domingo, a la hora convenida, nos veíamos las tres en la parada de autobús, en la Placilla. Listas, arregladitas y bonísimas las tres. Pero solas. Inquietante la situación, los mosqueteros no aparecían y empezábamos a dudar si habrían entendido el mensaje.

Nos bajábamos en la parada del Puente Cristo. Y aquí nos tienen ustedes, a las tres, tan inocentes, tan monas, y tan nerviosas comprando nuestro paquete de pipas que era el verdadero gancho para nuestros Tres Mosqueteros.

Comenzaba entonces la ruta: paseo de las Palmeras arriba y paseo de las Palmeras abajo… siempre atentas hasta que alguna de nosotras los veía a o lejos, entre el gentío, y avisaba con la frase convenida: ¡ahí vienen!

Adquiríamos entonces la pose adecuada —interesante, un poco distraída y como sin prestar demasiado interés—, y justo cuando se hacían visibles, caminando hacia nosotras, recuerdo que nos poníamos nerviosas. Y no se lo pierdan ustedes; se acercaban; daban un saludo escueto y una pregunta asombrosa:

— Hola. ¿Nos dais pipas?— ¡Y curiosamente cada uno llevaba un paquete entero! Luego siempre preguntaban lo mismo, ¡como si no lo supieran!
— ¿Donde vais?
— Al cine
— ¿Qué película?
— ¿La que dijimos ayer?

¡Dios mío! Qué chicos tan poco lanzados, qué horror, qué lentos y qué pocos originales… ¡pero eran nuestros adorables Tres Mosqueteros! ¿Qué no harían por nosotras?

Hasta que un buen día nuestros niños tardaron en el encuentro de las pipas.  Estábamos a la altura de la Plaza de los Reyes y se nos acercaron tres chicos guapísimos: Ignacio Alcalá, Jorge Labrador y Quique Acosta. Nos invitaron a un baile que organizaban en Los Patios.

Nos miramos un momento y sin mucho esfuerzo dijimos a la vez: Bueno.

Tímidas, pero decididas pasamos una tardeeeeee,,, especial. Y, ¿sabéis que nos ocurrió? Que durante muchas semanas ya no había pipas para compartir los domingos con nuestros Tres Mosqueteros…. ¡Que tragedia! En qué lío nos habíamos metido con nuestros chicos porque de alguna forma sentíamos haber cometido una traición… y para empeorar el asunto habíamos invitados a los nuevos a los bailes de la parroquia, en Villajovita.

No os podéis imaginar el impacto que causaron los nuevos en nuestras chicas del barrio. Y no os podéis imaginar las caras de nuestros Mosqueteros.

Pero os aseguro que, a pesar de todo, las pipas dan un resultado estupendo y fueron una pieza fundamental en nuestras vidas…

…aun hoy, cuando tengo una cita especial compro un paquete de pipas…

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