La eterna escayola de Juanito

[1]

A principios de los 60 no existían los cadáveres. La muerte era cuestión de los abuelos y quedaba muy alejada de nosotros. En todo caso los únicos muertos que los niños veíamos eran los indios apaches que salían en las películas de vaqueros que veíamos en la matiné del Cine África (la sesión matinal de los domingos), o los que salían en Rin–Tin–Tin. No nos daba pena que esos salvajes muriesen porque siempre eran los malos que estropeaban los planes civilizadores de los colonos blancos, virtuosos hombres y mujeres que sólo querían cultivar su tierra… (la de los apaches) Y tampoco eran muertos que impresionaran porque solían morir sin quejarse, sin heridas, con buen color y, por supuesto, sin sangre. Por eso encontrar un cadáver real en Villajovita, nuestra casa, nos impresionó muchísimo.

Debía correr el verano de 1961 con la parsimonia que uno percibe a los diez u once años. Las chumberas desprendían un aroma dulzón y los abejorros zumbaban de flor en flor. Un grupo de niños jugábamos a la pelota al final de la calle José Mª de Pereda, en el descampado que había donde poco después construyeron la casa de los Sedano. Lindaba con la tapia del huerto del abuelo Aquilino y nos separaba de la huerta de José, padre de Tobalo, una chumbera de pencas tan viejas que ya no tenían espinas y formaban recovecos aprovechables para escondernos muy bien. La pelota rodó por la huerta, camino del arroyo Fez o Bacalao, que de ambas formas se llamaba. Tobalo bajó a buscarla.

En mitad de la ladera, entre el final de la calle José Mª de Pereda y el arroyo, crecía el castaño, un espléndido ejemplar de castanea sativa que daba unas castañas riquísimas. El problema es que no teníamos paciencia para dejarlas madurar y las cogíamos verdes, casi lechosas. Cierto día César Rey (Chechita) y Juanito Jurado (Canijo) estaban robando castañas verdes; cogían los erizos directamente del árbol mientras Pepe Anita las agrupaba en el suelo. Todo esto cuidando de no ser vistos por José, el de la huerta, que cuando nos descubría robando frutas, o simplemente paseando, escenificaba un ritual muy amenazador para expulsarnos. Puro teatro pero que entonces nos lo creíamos. Chechita recuerda que oyó un crujido y se abrazó rápidamente el tronco principal; y vio como la rama de Juanito se rompía y ambos caían al suelo. Por su lado Pepe Anita recuerda que Juanito cayó a plomo y se dio tal porrazo que perdió el conocimiento. Pepe Anita, que era un chico fornido y poderoso, lo levantó con ayuda de Cristóbal (Tobalo) que apareció por allí, y con mucho esfuerzo lo llevaron hacia la calle. Pero como el chiquillo estaba tan lacio y flácido, se les escurrió y el pobre Juanito se dio otro porrazo en la cabeza.

Cuando lograron alcanzar la calle lo metieron en una furgoneta que estaba a medio pintar, cubierta de papeles de periódico, y arrancaron para llevarlo al hospital. Mientras tanto, la noticia del descalabrado Juanito, inerme y blanco como el papel, que era llevado por unos niños y que estaba como muerto, había llegado a oídos de su abuela. La mujer que se alarmó muy mucho y salió corriendo detrás de la furgoneta: ¡Mi niño, mi niño! ¿Dónde lleváis a mi niño? Se agarró al manubrio de la puerta, y como el conductor no la viera, y la señora no se soltara, la arrastró unos metros dando alaridos de pena, no por ella, sino por el nieto.

Cuando el rubiales Juanito volvió del hospital venía con una escayola espectacular. Se había roto de mala manera brazo, clavícula y hombro, y estuvo una enormidad de tiempo con el brazo en cabestrillo. La escayola le cogía todo el torso y una especie de escuadra mantenía el brazo levantado a 90º del cuerpo. Chechita dice que así estuvo toda la vida. El niño aprendió a jugar al ping–pong con esa mano que tenía al final de la escayola ¡y había que verlo moviéndose y devolviendo mates por el salón parroquial!

Cap. VI¡Un hombre muy tieso!

 

[1] Los Jurado Cervantes eran cuatro hermanos: José Manuel, Juanito, José Luis (Bibi) y Mercedes. Hijos de Juan (fotógrafo) y Carmen. Emigraron durante una temporada a Oran (Argelia) y volvieron hablando francés.  

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