La escuela del cartero

(Don Francisco Herrera)

Andrés Gómez Fernández [1]

Villa Jovita. En antiguos documentos, “barrio residencial” de Ceuta… Mediados de los cuarenta. Mi barriada incluía también la Colonia Weil. De hecho, en las direcciones de las cartas se solía ponen Colonia Weil (Vi1laJovita). También incluía las antiguas viviendas del “comité” y las viviendas de los Basurco, Las calles de Villajovita acapararon las letras del abecedario, así nos encontrábamos con las calles N, S, Ñ… Sólo la principal, “la de la cuesta” se conocía con otro nombre, que todavía perdura: “Genaro Lucas”, que según mis informaciones se le puso en honor de un falangista, posiblemente muerto en “acto de servicio” durante la incomprensible “Guerra Civil”. Después se cambiaron las letras por nombres de ilustres escritores: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Góngora. Zorrilla, etc.

En cuestiones de enseñanza, la barriada estaba muy mal. Sólo, en el aspecto oficialse disponía de un centro escolar “C.N. Maestro Domingo González”, posiblemente en honor de un maestro ceutí El centro sólo disponía de tres unidades: Parvulitos, mixta y dos de Enseñanza Primaria, una de niños y otra de niñas, pasa distintas edades. Todos los de la época recordamos cariñosamente a los titulares de las tres unidades, Dª Victoria, Dª Isabel Larios y D. Alberto.

Con tan escasos efectivos no era de extrañar que aparecieran “centros privados” como el Colegio de niños “Santo Tomás de Aquino”, precisamente ubicado en la calle Genaro Lucas, y regentado por D. Juan Romera Tudela, ayudado por su hijo D. Modesto. Quiero pensar que, años después se constituyera la escuela de D. Francisco, el cartero de la barriada, protagonista de esta historia. También, casi de manera simultánea, el gran centro escolar de Dª Pepita Basurco. Posteriormente, con maestro titulado, montaría su escuela el magnífico maestro D. Francisco Canto. Así, que con el único centro oficial y los particulares se atendían las necesidades educativas del gran número de escolares de la zona.

Llamaba poderosamente la atención la figura de D. Francisco, el cartero. Él, con su voluminosa cartera, atendía a las necesidades epistolares del vecindario. Fiel cumplidor de sus funciones, siempre estaba dispuesto a prestar ayuda a aquellas personas que necesitaban de su favor. Con la enorme paciencia que le caracterizaba, leía las cartas de aquellas personas que no sabían leer, y que solicitaban su ayuda. Posteriormente tenía que dar respuestas a las mismas. También las gestiones propias del Servicio de Correos, con lo cual se convertía en una Sucursal del mismo Servicio. Conozco a la perfección la colaboración que prestó a un vecino de la barriada, en la búsqueda y localización de unos familiares que se encontraban en los E.E.U.U. Para el vecino, D. Francisco lo era todo, y gradas a su participación, con el paso de los años, el vecino pudo ver realizado su propósito, encontrando a sus familiares. Se trataba de una historia muy bonita, que no es el momento pasa su narración. Pero D. Francisco, libre de sus obligaciones profesionales, después de una dura jornada, y dada su gran formación, también montó su escuela, sabiendo que con ello contribuía a resolver el problema de la escolarización de los niños y niñas de la Barriada, que acudían en gran número a recibir las sesiones de enseñanza de D. Francisco, que no sólo atendía alumnado de Villa Jovita, sino también de aquellas barriadas colindantes -Sardinero, Pabellones de la J.O.P., Barrio de las Latas, etc.- La escuela estaba ubicada en la calle Lope de Vega nº 1, bajo D.

Destacaban sus alumnos básicamente en el área de Matemáticas, en especial en las operaciones básicas. Fui testigo en muchas ocasiones de las «exhibiciones” que hacían sus alumnos a la hora de realizar, por ejemplo, sumas de muchos sumandos. Con gran rapidez realizaban las sumas, dejando asombrados a lo. “espectadores”. Alguna estrategia particular tenía que poner en marcha sus alumnos. Posiblemente la asociación de dos números para completar el diez. Por ejemplo: al iniciar la suma por la columna de las unidades, si veían muy próximos el 4 y el 6, los sumaban. Así tenían un 10, que unido con otros 10 de situaciones idénticas, les era más rápido realizar las sumas. No permitía D. Francisco que sus alumnos utilizaran los dedos pasa realizar las sumas. Un testimonio de una alumna fue bastante elocuente: “Las manos las teníamos que mantener sobre la mesa, para que no utilizáramos los dedos pasa sumar, recurso muy socorrido, por lo que teníamos que pensar utilizando los ‘trucos’ que nos hablan enseñado”. Otra aportación muy valiosa fue la de un alumno que afirmaba: “Nosotros teníamos una gran ‘habilidad’ para realizar sumas -macrosumas- que llegaban a ocupar todo el espacio de una hoja de libreta. A veces se planteaban situaciones ‘maratonianas, ya que éramos los propios alumnos los que exigíamos que nos pusiera el maestro más sumas. Esta operación, pues, no tenía dificultad para nosotros.”

Quizás lo expuesto anteriormente, en los momentos actuales resulte una barbaridad, en particular cuando pasa cualquier tipo de operación se utiliza la calculadora. En aquellos tiempos dominar las operaciones fundamentales, con la inclusión de quebrados y la regla de tres, era suficiente para asegurarse un puesto de trabajo. Por lo tanto, los maestros, en particular los privados, todo su programa iba dirigido a dominar esos objetivos, acompañado de una buena caligrafía y mejor ortografía.

D. Francisco, teniendo en cuenta esta realidad trabajaba con la ilusión de que sus alumnos los consiguieran. Preparaba también, como no podía ser de otra manera, para el ingreso en el Bachillerato, y posiblemente actividades de refuerzos pasa aquellos alumnos que, una vez iniciado el Bachillerato, necesitaban de las mismas. Este ejemplar ciudadano, en su doble vertiente, cartero-maestro, dejó una imagen que todos los que tuvimos la suerte de conocerlo recordamos gratamente.

Y como no podía ser de otra manera, como enamorado de su magisterio, dejó dos muestras de esta profesión: do. maestros, sus dos únicos hijos, Puri y Paquito, que también, haciendo honor a su padre, han dejado su estela en este maravilloso mundo de la enseñanza.


 

[1] Domingo, 21 de agosto de 2005 / El Pueblo de Ceuta

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