La escuela de Paco Canto

(Dª Francisco Canto Córdoba)

Andrés Gómez Fernández [1]

En esta ocasión escribir sobre el protagonista de esta historia me resulta una tarea sumamente difícil. Se necesitarían muchas páginas para recoger la vida y obra de Paco Canto, maestro muy vinculado a la Barriada de Villa Jovita, enamorado de su profesión, entregado totalmente a la misma. En principio, como venía siendo frecuente, montó su escuela en el domicilio familiar; sacrificando otros espacios vitales para el desarrollo de la vida cotidiana. Su colegio estaba situado en la calle Benavente, nº 2. Después de unos años se trasladó a un local, su primera y soñada escuela, situado en la calle Góngora nº 4, B.

Eran tiempos muy difíciles y, nuestro protagonista, con título de maestro, decidió no hacer las oposiciones, por razones estrictamente económicas. Se ganaba muy poco opositando al Cuerpo de Maestros. Sin duda que el dicho “vas a pasar más hambre que un maestro de escuela» era una realidad. Paco tenía que asumir responsabilidades de ayuda económica a los suyos, y dando clases particulares obtenía mejores beneficios.

En principio, en su rincón familiar, se dedicó con entrega total a la recuperación de todos aquellos alumnos, estudiantes de bachillerato, así como todo tipo de preparaciones que demandaban los alumnos. Sus mayores éxitos los obtuvo recuperando a bachilleres, principalmente en la asignatura de Matemáticas. También en otras asignaturas, ya que nuestro protagonista estaba suficientemente capacitado para ayudarles en las preparaciones de las mismas. Como se desprende de todo lo dicho, la labor de Paco no era nada fácil. Los buenos resultados obtenidos contribuían a aumentar la matriculación de alumnos, que ya no procedían solamente de la Barriada, sino de otros lugares más lejanos, buscando el “milagro» de la superación de las distintas asignaturas. Por lo tanto, Paco se ve agobiado para atender a tan numerosa «clientela», teniendo que multiplicarse para atender a todos. ¿De dónde sacaba fuerzas para cumplir con todos?

Después montó su escuela, donde acudían alumnos de Enseñanza Primaria y de la desaparecida E.G.B., pero sin abandonar su dedicación a las llamadas «clases particulares». De esta etapa un vecino me contó la siguiente anécdota «Paco, en algún momento para lograr el equilibrio de la clase y mantenerla concentrada, utilizaba expresiones como ¡Silencio!, ¡Callaros!… Estas expresiones eran oídas diariamente por un loro del vecino, que continuamente, y de forma magistral, el loro repetía, con el consiguiente ‘mosqueo’ de Paco, que quizás pensara que eran los propios vecinos los que las repetían. Pasados unos años, Paco y el vecino un gran amigo mío y peluquero de alta escuela en nuestra ciudad, coincidieron como profesores de FP. 1 en el Colegio “Santa María Micaela» teniendo la oportunidad de recordar tan gracioso hecho.

Con la llegada de la Ley del 70, las unidades diversas que se encontraban en nuestra ciudad, se ven obligadas a formar cooperativas. En principio surgen dos: “Nuestra Sra. de África» y “San José de Calasanz”. Todo este proceso finaliza con la creación del “Colegio Beatriz de Silva”. Mientras todo esto se prepara, nuestro maestro no accede a lo que en principio estaba previsto: formar parte del Claustro del recién creado centro educativo. Pero ¿qué ha ocurrido? Pues sencillamente que 106 responsables del Centro “Santa María Micaela» de las RRMM. Adoratrices se han adelantado, y han “fichado a Paco, para que se hiciera cargo de la FP. l, que se contemplaba en laya referida Ley del 70. Seguramente que él incansable, seguiría impartiendo sus clases particulares y atendiendo a su escuela.

Pero algo tendría que ocurrir para que cambiara toda su actividad. El centro escolar, reconociendo la valía de Paco, decide incorporarlo la enseñanza primaria del mismo, sin dejar de llevar la FP1, que se supone que abandonaría cuando consigue ser nombrado Director del Centro. ¿Seguiría con sus clases particulares? ¿Dejaría su escuela de primaria? Posiblemente. Las responsabilidades se habían multiplicado, y con toda seguridad el colegio darla un cambio sustancial, ganando en organización y prestigio.

He consultado a algún compañero de nuestro protagonista y todos coinciden en que ejerció una labor digna de todo elogio. Que sus funciones directivas las compartía con sus responsabilidades de aulas. Con toda seguridad que encontraría el lugar deseado para poner en marcha todas sus ideas con respecto a la enseñanza.

Yo, por cuestiones de edad no tuve la suerte de compartir; como alumno, las enseñanzas de tan magnifico maestro. Numerosos testimonios de alumnos, que sí tuvieron esa suerte, tienen a su maestro “particular», en muy alta estimación. Todos lo recuerdan con mucho agrado y simpatía. Induro aquellos, que cómo no, en alguna ocasión no pudieron conseguir sus objetivos, reconocieron que, con el paso del tiempo, los equivocados fueron ellos, que no colaboraron para que el proceso de recuperación se cumpliera.

En una ocasión, fui testigo de la siguiente anécdota. Me acompañaba un maestro amigo. Una madre desesperada se acercó a nosotros. Ella sabía que éramos profesionales de la enseñanza. Su hijo, procedente de un Centro de Media, privado, asistía a las clases de recuperación de nuestro admirado maestro, y pretendía que uno de los dos le diéramos las clases de recuperación. Mi compañero, muy diligente, trató de convencerla y que confiara en él, que no encontraría otro maestro capaz de recuperarlo. Sus argumentos convencieron a la “afligida» madre, entendiendo que era mejor dejar las cosas como estaban. Nuestro amigo y compañero Paco, Paco Canto —no admitía que se le llamara D. Francisco- no tuvo suerte. En la misma puerta del Colegio, en una maniobra de un coche, tuvo un grave accidente en una pierna, que tardó en recuperarse. Pero, pese a la gravedad de la lesión, sin estar totalmente recuperado, se incorporó a su trabajo. Después, su salud se fue deteriorando e impertérrito, haciendo caso omiso a sus molestias, él continuó con su labor. Precisamente el día que cayó gravemente enfermo se disponía a prepararse para ir al colegio. Dejó de existir en el mismo hospital donde fue ingresado. Creo que Paco, siguiendo la cita de Descartes, obrada así en toda su trayectoria: «el bien que hemos hecho nos proporciona satisfacción, que es la más dulce de todas las pasiones”.


 

[1] publicado en el Pueblo de Ceuta el 27 de Agosto de 2005.

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