La Escuela-Capilla San Luis Gonzaga

Andrés Gómez Fernández [1]

Estaba ubicada en la “Colonia Weil”. Sólo funcionó durante unos años. Por ella pasaron unos prestigiosos maestros –maestros y maestras- que dejaron la impronta de sus pasos por la institución.

La S.A. Weil, casa fundada en 1908, podría haber sido una empresa modelo. Cometieron muchos aciertos, pero también algunos errores. La empresa tenía su sede donde actualmente está situada la Imprenta Olimpia. Una vez construida la fábrica, en su nueva ubicación, en terrenos adquiridos a un agricultor llamado Policarpo –después fue conserje de la barriada- la empresa construyó la “colonia”, una pequeña barriada de 28 viviendas sociales, para sus obreros de la fábrica de bebidas carbónicas y para los de la fábrica de hielo, también de la empresa. Estos hechos se sitúan pocos años después de finalizada la guerra civil –en 1941 ya empezaron a habitarse las viviendas-. También se construyó una escuela-capilla. La barriada se llamó por un tiempo “Colonia Falangista Weil”- lo de falangista desapareció- y la escuela–capilla, “San Luis Gonzaga”. Lo de “falangista” en recuerdo de un hermano del propietario de la empresa, D. Ernesto Weil, y lo del Santo, en recuerdo de su padre, que se llamaba Luis. Los obreros disfrutaban de las viviendas mientras vivían, porque si fallecían, tenían que abandonarlas de inmediato. Esta medida se dulcificó con los años. En los primeros años, los beneficiarios de las viviendas tenían derecho al disfrute gratuito de la luz y del agua. Sobre la luz, al llegar las doce de la noche, que se suponía que todos estábamos durmiendo, la cortaban. Después, estos beneficios fueron eliminados. Se pagaba en concepto de alquiler un precio módico, y transcurrido cierto tiempo pasaron a propiedad de los empleados o a sus herederos, por una pequeña cantidad y muchas facilidades para pagarlas. La “colonia fue un lugar de una muy buena convivencia, como si se tratara de una gran familia. En la actualidad se mezclan los herederos con otros propietarios sin vinculación a la empresa.

La escuela-capilla se paralizó en su construcción. Después de varios años, en 1951, estaba ya apta para su función, que no era otra que su utilización como escuela- en principio sólo para niños y niñas de empleados- y como iglesia. Se adaptó a su doble función, de forma y manera que se disponía de material funcional, aislando dos zonas para aulas unitarias. Una de las zonas para niños y la otra para niñas. Una vez finalizadas las clases, había que habilitarlas para la celebración de la Santa Misa. Para este menester ya había, entre los alumnos, un grupo especializado que, con suma rapidez y habilidad, realizaban la transformación.

Quiero recordar que todo esto ocurre con la llegada de un sacerdote de grato recuerdo para la Parroquia, en especial para Villa Jovita y la propia “Colonia”. Me estoy refiriendo a D. Francisco Almandoz, que durante muchos años fue el cura-párroco, de lo que fue después Iglesia de San Juan de Dios. Pero que quede claro, que siendo escuela-capilla, se denominó “San Luis Gonzaga”. (Hubo un acercamiento entre el dueño de unos terrenos situados donde posteriormente se construyeron las microescuelas, dependientes del C.P. “Valle Inclán”, para construir la que hubiese sino la iglesia S. Juan de Dios. No hubo acuerdo, y por consiguiente, esta historia no hubiese sido así.).

Disponer de una iglesia, era de una necesidad perentoria. En los comienzos de su magisterio, el cura tenía que celebrar los oficios religiosos, en especial la Santa Misa, en una de las escuelas del Grupo Escolar “Domingo González” de la Barriada de Villa Jovita. La empresa ya disponía de una, por lo que entiendo que a la Diócesis no le costaría mucho trabajo conseguir, en principio, que funcionara con la doble finalidad: escuela-capilla.

Construido el mobiliario escolar –se hizo en la misma empresa-, se procedió a cubrir las plazas, de los maestros titulares, recayendo los nombramientos en dos personas muy valiosas: D. Juan Fernández Ragel, para la unitaria de niños y Dª María Luisa Ruiz Plaza para la unitaria de niñas, que estuvieron ejerciendo unos años, siendo sustituidos por D. José Mata Serrano y por Dª Remedios Acosta Larios, respectivamente. Los alumnos, como hubiera deseado la empresa, no procedían de los hijos de sus empleados, sino que se abrió la matrícula a toda la Parroquia-Villa Jovita, Playa Benítez, Barrio de las Latas, Pabellones de la J.O.P., Sardinero. Los sueldos de los maestros corrían por cuenta de la empresa y los escasos fondos que disponía la Parroquia, los alumnos de hijos de la empresa abonaban 5 pesetas, que les eran descontadas del sueldo; los otros alumnos pagaban diez. El material escolar, para todos los alumnos, lo facilitaba la empresa y la Parroquia.

Por supuesto que el cura-párroco también tenía espacio y tiempo para realizar su labor pastoral. Es casi seguro que también aportaría su trabajo en la sustitución de algunas ausencias de maestro o maestra. La experiencia duró poco tiempo, sin saber a ciencia cierta cuáles fueron las causas de su desaparición. Posiblemente a la falta de recursos económicos, o tal vez, la disminución de matrículas de alumnos. No sería por falta de maestros, ya que no necesitaban de requisitos especiales para cubrir las plazas. Bien cierto es que, estos maestros titulados estarían esperando la oportunidad para opositar a maestro nacional.

En mis consultas con aquellos alumnos que pasaron por la escuela-capilla, todos guardan un grato recuerdo de aquellos momentos. Algunos iniciaron su escolaridad en ella; otros, procedentes de otros centros. Los primeros, posiblemente se verían obligados a buscar otros colegios, para finalizar su escolaridad; los mayores, satisfechos con los conocimientos adquiridos, se incorporarían al mundo laboral…


 

[1] publicado el 15 de Octubre de 2005 en el Pueblo de Ceuta

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