Jovita Casares

Ricardo Lacasa Martos [1]

Tradicionalmente Villa Jovita fue una de las barriadas más castizas, prósperas y simpáticas de nuestra ciudad. Hoy sin embargo sus vecinos más antiguos me exteriorizan sus añoranzas de aquel barrio que se fue y, con él, sus viejas esencias con sabor a pueblo, a paz y a poesía. Villa Jovita ha cambiado mucho, sí. Paulatinamente han ido desapareciendo o transformándose sus típicas casitas de una planta con el pequeño jardín en la puerta poblado por geranios, rosales, jazmines o madreselvas. Diríase que el conjunto del lugar pudo ser, por qué no, el precedente, en su época, de las actuales urbanizaciones de chalés y viviendas adosadas. Pero las modernasa construcciones del barrio no sólo van rompiendo su tradicional y uniforme fisionomía andaluza sino que en algunos casos sobre los solares resultantes de sus derribos van apareciendo inmuebles de varias plantas.

Villa Jovita, al hilo de los nuevos tiempo, ha perdido también la tradicional familiaridad entre sus habitantes, sus alegres y distendidas tertulias a las puertas de sus casas o su peculiares y multitudinarias celebraciones populares. La llegada de nuevos vecinos sin antecedentes familiares en el barrio y la marcha de personas tradicionalmente enraizadas en él, ha contribuido igualmente a que se haya borrado ya el quinteriano perfil de la vieja Villa Visillos, Villa Corbata o Villa Filetes, tal y como el peculiar gracejo caballa acertó a denominarla hace ya muchas décadas. Lo de visillos venía por la costumbre que tenían algunos vecinos de observar a través de los mismos al forastero o al nuevo vecino de turno, mientras que lo de la corbata y los filetes se aplicaba a la buena condición social o económica de la que gozaban la mayoría de los habitantes del barrio en los años de la hambruna en España.

Villa Jovita hace 30 años, cuando todavía era un plácido y tranquilo barrio con sabor a pueblo

El nombre de la barriada le viene en honor de su fundadora, doña Jovita, una ejemplar y emprendedora mujer gallega que llegó a principios de siglo a nuestra ciudad en unión de sus padres y hermanos. A Jovita Casares Vázquez la vemos en el centro de la imagen en unión de su esposo, Juan Ponce Díaz, su cuñada y sus tres hijos mayores, Esperanza, Antonia y Juan. De los seis frutos del matrimonio, aún vive una hija, África, persona muy querida y admirada en el barrio. Su marido fue Chicada, un célebre jugador del Ceuta, equipo del que ella fue madrina y, casi a renglón seguido también, ‘Miss Ceuta’. Últimamente, y desde que enviudó, suele pasar largas temporadas en Cádiz en casa de su hija, estancias que alterna con períodos en su vivienda de Villa Jovita. Una casa que ya no es la primitiva, en pie hasta hace muy pocos años. Sobre su solar se ha construido un edificio de varias plantas, uno de cuyos pisos se lo reservó África para ella, ya que no renuncia a su Ceuta por nada del mundo.

Jovita Casares, fundadora de la barriada de su mismo nombre, en el centro de la imagen, junto a su esposo, Juan Ponce Díaz, su cuñada y sus tres hijos mayores, Esperanza, Antonio y Juan. De los seis frutos del matrimonio aún vive una hija, África.

Resulta digna de admiración la figura de Jovita Casares. Viuda desde muy joven, ello no fue osbtáculo para que siguiera luchando como una laboriosa colona en los terrenos que se le habían adjudicado al matrimonio en régimen de concesión administrativa y que, años después, pasaron a ser de su propiedad. Villa Jovita era por entonces un gran cortijo con sus árboles frutales, viñas, huertas, ganado y la propia casa de nuestra protagonista.

Jovita Casares, cansada un buen día de la difícil y dura lucha de las labores propias de su hacienda, decidió deshacerse de diversas parcelas de sus terrenos. Muchos de los compradores fueron socios del desaparecido Casino de Clases, cuando se vieron favorecidos con participaciones del Gordo de Navidad, unas diez mil pesetas de las de entonces, el suficiente dinero como para poder construirse sus viviendas. Al poco tiempo comenzó a poblarse el barrio y entonces Jovita regaló al Ayuntamiento una de sus parcelas para que sobre ella se levantase una escuela. Este gesto lo agradeció el Consistorio, que acordó dar el nombre de Villa Jovita al lugar, no prosperando el de Barriada del Triunfo, con el que se le llegó a denominar trás el advenimiento de la II República hasta el año 1936.


[1] Ricardo Lacasa Martos, (2002): “Todavía hoy, Ceuta”

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