– I – Dª Jovita, la abuela de Pitoño

Si el arquitecto es bueno, las ruinas son bellas

Anónimo

En Ceuta, entre la muralla merinida y el arroyo Fez, surgió un pequeño caserío a partir de la segunda década del siglo XX. Dicen los historia-dores que esa muralla de tapial fue construida, por el sultán Abú Said en el año 1328, para cerrar un recinto llamado Afrag, en el campo exterior de la ciudad meriní, donde tropas y caravanas comerciales quedaban a salvo de ataques hostiles. Afrag es una palabra de origen bereber que significa “lugar cercado”. De ella derivó el vocablo alfaráq en el hispanoárabe, y finalmente la voz castellana alfaneque, que hoy día se sigue usando en Cuba.

Doña África Ponce Casares, quinta hija de doña Jovita. El primer nacimiento en Villa Jovita. La foto es cortesía de ella misma.

La primera casa de cierta entidad que hubo en esa franja de terreno se construyó en 1915. Fue la residencia familiar de doña Jovita Casares Vázquez y don Juan Ponce de León y Díaz [1]. Y en su honor se llamó Villa Jovita.

Ceuta, 1907. Don Juan Ponce de León y Díaz, y doña Jovita Casares Vázquez, junto a sus hijos Esperanza, Antonia y Juan. Entre ellos, Antonia, una hermana de Juan. La foto es cortesía de Quica Barrientos.

La familia Casares Vázquez procedía de Galicia y llegó a Ceuta en 1880 porque el progenitor, funcionario de prisiones, había sido destinado al presidio del Monte Hacho. Demetrio, uno de los hijos del matrimonio, fue un industrial hotelero que se vinculó a la vida política municipal y llegó a ser alcalde de la ciudad durante siete meses; el 28 de septiembre de 1923, tuvo que entregar la alcaldía al primer ayuntamiento de la Dictadura de Primo de Rivera. Cuando llegaron a Ceuta, Jovita tenía tres años. Más tarde, una vez casada con el ceutí don Juan Ponce de León y Díaz, consiguieron una concesión administrativa para colonizar y explotar la zona rural de Ceuta que con el tiempo sería Villajovita. Al principio vivieron en una modesta casita situada casi a orillas del arroyo de Fez, muy cerca del camino Ceuta/Benzú; en la parte baja de lo que hoy es la calle Leandro Fernández de Moratín. Pocos años después, cuando la explotación de las huertas (viñas, frutales y algún ganado) había mejorado la situación económica familiar, se hicieron con la propie-dad de la tierra y construyeron lo que fue Villa Jovita: la casa.

La ocuparon, aún sin terminar de construir, en 1916. Entre otras cosas porque la familia había crecido y no cabían en la primera vivienda. Con ellos vivía Antonia, hermana pequeña de Juan Ponce, y, sobre todo, porque doña Jovita estaba a punto de dar a luz su quinto hijo. Tan en precario estaba la obra, que la casa no tenía tabiques, y cuando llegó el momento del parto, tuvieron que instalar a toda prisa unas sábanas a modo de cortinas para preservar la intimidad de la parturienta. Y allí, a resguardo de las sábanas, nació África, la primera niña que vio la luz en el futuro barrio. Con el tiempo, África se convirtió en una guapa joven que llegó a ser miss Ceuta y madrina del club Atlético de Ceuta. Se casó con José Barrientos Jiménez (Chicada) –ilustre futbolista profesional, coetáneo de Alfonso Murube– y tuvieron dos hijos, África (Quica) y José Antonio, al que decíamos Pitoño. Casi todos los niños tenían un alias y no solía ser algo peyorativo… la mayoría de las veces.

Doña Jovita con sus hijos y nietos mayores en el jardín de Villa Jovita. Foto cortesía de Quica Barrientos.

Quica y Pitoño, recuerdan que su abuela, doña Jovita, enviudó en 1917, al año siguiente de ocupar la casa. Tenía 38 años, cinco hijos en el mundo y estaba embarazada de otro (que no llegaría a nacer).

Y a pesar de todas las dificultades que las mujeres podían encontrar en ese tiempo, salió adelante. Mujer sola, pero de gran fortaleza física y entereza emocional, continuó con la explotación de las huertas, construyó viviendas en el entorno de la casa para sus propios trabajadores, y educó a sus hijos.

Finalmente, cansada de bregar con la tierra y con los hombres, fue vendiendo parcelas en las que se edificaron más viviendas. Este afán constructivo se incrementó cuando tocó un premio gordo de la lotería Navidad entre los socios del Casino de Clases de Ceuta, institución militar formada fundamentalmente por suboficiales del Ejército del Norte de África [2], pero abierta a civiles. Muchos de los agraciados emplearon el premio de diez mil pesetas en construir sus viviendas en la emergente barriada [3].

Quica Barrientos, nieta de doña Jovita, en la puerta de ‘La Casa’, junto a su primo Miguel (de Ybarrola)

Pero también se establecieron algunos emigrantes que arribaban a Ceuta en los años 20. Entre ellos los hermanos Sánchez Guillén [4], oriundos de la provincia de Cáceres, que se instalaron y construyeron sus casas en el nuevo barrio que se conformaba a la sombra de la muralla merinida. Y otras personas, como Salvador Guerrero Biedma –nacido en Parauta (Málaga), que ingresó de soldado raso y llegó a ser Primer Patrón de la Compañía de Mar de Ceuta– las levantaron adosadas a la Muralla o en las manzanas que se iban trazando siguiendo un urbanismo bastante razonable. En esas casas vivieron algunos de sus numerosos hijos. Uno de ellos, tal vez el más recordado, fue Asensio Guerrero. Y el barrio se fue poblando de personas, cada una con sus historias. Conviene recordar a doña Josefa Ramírez Cepero, que enviudó en 1929, durante la dictadura de Primo de Rivera. Un día de ese año, un camión aprisionó a su marido contra una pared y lo mató. Fue un oscuro suceso y en el fuero interno de la mujer siempre quedó la sospecha de que no había sido exactamente un accidente, porque don Juan Sentís Reig fue un notable miembro de la CNT, y los tiempos políticos que corrían no eran precisamente saludables. Con la indemnización que le dieron, la viuda compró una casa adosada a la Muralla, y en ella vivió y sobrevivió con sus cuatro hijos. Doña Curra, una de las primeras pobladoras del barrio, que vivía frente a la viuda Sentís, la ayudó mucho en los tiempos difíciles que siguieron. Durante los bombardeos de la guerra civil, por ejemplo, doña Curra la acogía con todos los hijos de su vecina para resguardarse bajo el poyete de su cocina. Doña Curra era Francisca Cobo González, casada con José Navarro Parra (el de la brillantina), que era matarife y tenía cerdos en un lapero del Sardinero. Eran muy antiguos pobladores del barrio y abuelos de José Manuel y Diego Navarro Marfil.

A finales de los años 20, cuando el asentamiento ya era notable, doña Jovita sufragó los gastos del alcantarillado de la incipiente barriada y donó una parcela al municipio para construir un colegio que atendiera las necesidades educativas de la población creciente. Esa escuela, que al principio fue un enorme barracón de madera, acabó siendo una construcción permanente años más tarde. El municipio, agradecido por la generosidad de la viuda, llamó Villajovita al barrio [5]. Durante los años de la II República pasó a llamarse Barriada del Triunfo, pero posteriormente recuperó su nombre tradicional.

Y poco a poco, ese espacio físico de Ceuta, limitado visi-blemente por cuatro hitos geográficos –la Muralla al este, el arroyo Fez al oeste, la carretera de Ceuta/Benzú por el Norte y un monte, que después allanaron, por el sur–, al que se accedía por una sola calle (Genaro Lucas), fue tomando conciencia de su singularidad. Villajovita no era lugar de paso para ningún otro sitio. A esa pequeña barriada, que surgía en la antigua pro-piedad de doña Jovita, había que ir expresamente.

Paqui Mora Marfil a mitad de la década de los 60, junto a la cancela de Villa Jovita.

La casa de doña Jovita Casares, auténtico origen de todo lo que allí ocurrió, ya no existe. Sobre su solar se levanta hoy un bloque de pisos. Estaba ubicada al final de la cuesta que era la calle Genaro Lucas [6], donde confluían las calles Calderón de la Barca (antigua “J”), Pérez Galdós y Ramón de Campoamor, en el único espacio que podría parecerse a una plaza pública. La casa de Quica y Pitoño, Villa Jovita, tenía verjas verdes y árboles dentro de su perímetro. Y, en opinión de algunos niños, un cierto aire de misterio y lejanía.

ÍndiceLa pedrada de Marco Antonio

 

[1] Sólo a título informativo: una de las ramas Ponce de León, fueron marqueses de Cádiz y duques de Arcos (y Osuna), rivales de la casa de Medina Sidonia por el control feudal de la provincia de Cádiz desde el siglo XIV.

 

[2] El Casino de Clases tuvo su local social en la trasera del edificio Trujillo, en la escalerilla que une la calle Real y la Marina. Posteriormente, en la posguerra en ese mismo lugar hubo una tienda de modas, y hasta hace pocos años el Banco Popular.

 

[3] Así lo afirma Lacasa Martos, Ricardo, en “Todavía hoy, Ceuta”. Ed. Ceuta, 2002. Página 190

 

[4] Los hermanos Sánchez Guillén (Mateo, Aquilino, Clemencio y Esteban) llegaron al barrio en los años 20 procedentes de Gargüera de la Vera, un pueblecito cercano a Plasencia (Cáceres) Fueron muy prolíficos y dieron lugar a una numerosa prole: el clan de los Sánchez o de las ‘Primis’ (de Primitiva, madre de todos ellos, y nombre que se repitió entre las hijas y nietas), que sigue vinculado al barrio hasta hoy día.

 

[5] Respecto a la forma correcta de escribir el nombre del barrio hay diversidad de opiniones. Nosotros hemos optado por Villa Jovita para referirnos a la casa, residencia original de la familia. Y, aunque no le guste ni a ‘Quica’ Barrientos ni a Gregorio Basurco, utilizaremos Villajovita cuando hagamos referencia a la toponimia del barrio. Hay innumerables ejemplos en la geografía española con un origen similar (Torreperogil, Villacarrillo, Valdecazorla, Villardondiego, etc.)

 

[6] Según informaciones de Andrés Gómez Fernández, marido de ‘Feni’ Carracao, parece que el nombre se debe a un falangista muerto en acto de servicio durante la Guerra Civil.

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