REVELAR Y DESVELAR EL PASADO
Aquilinín, hijo de Primi, hijo de Curro

El narrador de imágenes está embarazado de rostros, risas y gestos congelados en el tiempo hasta el punto de que la gente se le sale por los poros e intenta plasmarlo todo a golpe de imágenes y de frases. Son imágenes reveladas en grises y sepias… pero sólo la frase evocadora que la acompaña conseguirá desvelar el otro tiempo que ya no es, pero que sigue vivo en el recuerdo colectivo.

Conoce el narrador gente mayor con pensamientos color del agua que sonríen felices porque han perdido la memoria. Puede conocer el narrador, cuatro generaciones después, un niño feliz porque no tiene, aún, ninguna memoria. No quiere el narrador la felicidad de la desmemoria. Quien cruza el río del Olvido ⎯narra una vieja historia gallega⎯, llega a la otra orilla sin saber quién es ni de dónde viene. Si basta la simple corriente de un río para borrar la memoria ¿qué pasaría con nosotros que atravesamos el mar entre dos continentes, por entre las mismísimas columnas de Hércules? El tiempo dirá, y así lo refleja el narrador de imágenes, que no hay pérdida de memoria sino suma de memorias. Lo que se pierde, en todo caso, es la memoria boba, que como trágica letanía se repite a sí misma. La otra, la memoria viva, en cambio, nace cada día porque ella es desde lo que fue y contra lo que fue. Y desde ahí, como Benjamín Tagle Lara se preguntara en “Puente Alsina”:

¿Dónde está mi barrio, mi cuna querida? ¿Dónde la guarida, refugio de ayer?…

No es importante que en otro tiempo viviéramos en un mismo barrio… lo realmente importante es que hoy, cuarenta años después, y ríos del Olvido por medio, podamos, queramos y seamos felices recordando que hubo un tiempo en que convivimos en Villajovita, aquel barrio de Ceuta, el que discurría entre las Meriendas y el arroyo de Fez.

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