Encalaores

Cuando las casas se encalaban se producía una convulsión familiar. A los chiquillos aquello nos hacía gracia y tenía un toque de aventura, pero nuestras madres se ponían un poco nerviosas. La cocina se desmontaba y se instalaba de mala manera en el saloncito o en el patio. Todo se llenaba de cosas y las cosas conquistaban un lugar que no les correspondía. Nada permanecía en su sitio. Y lo inolvidable eran las malas pulgas que desarrollaban las madres. Lo normal era que nuestros padres usaran los domingos para esas faenas, pero no siempre. Y entonces, asociado a estos días están los encalaores, personajes singulares que pintaban las casas con una lechada de cal apagada[1] porque entonces no existían los papeles pintados ni las pinturas plásticas ni acrílicas.

Uno de ellos, tal vez el más recordado, era Tito. Un joven dicharachero y simpático que hablaba por los codos y se entendía perfectamente con nuestras madres, entre otras cosas, porque era muy afeminado, y eso ayudaba. Tito contrastaba muchísimo con su hermano, el bronco Bartolo el manco, que fue conserje del Casino una buena temporada. Ambos solteros y huérfanos, vivían juntos por la playa de Basurco y discutían muchísimo. Pasado el tiempo Tito asumió su condición y se marchó a Londres buscando aires más permisivos.

Pepe Anita recuerda a los hermanos Aguilera, que vivían frente al malvado Yaye ”…el menor era Avelino y se marchó a Alemania, pero Luis se dedicaba a encalar las casas y cantaba muy bien por Antonio Molina y Manolo Caracol. Entre otros temas aquello que decía: carcelero, carcelero, abre puertas y cerrojos… También iba muy bien con fandangos de Huelva, pero David Roecker, el americano flamencólogo, era tan purista que decía que eso era el paludismo cante. Otro encalaor del barrio era Campoy, discípulo aventajado de Tito. El hermano mayor de Campoy murió porque le clavaron una caña en el ojo mientras jugaban…”

En cuanto a pintores de brocha fina, parece ser que sólo Pedro Rey hizo algunos pinitos con una obra pictórica que tuvo una cierta entidad. Paco Cordero hacía muy buenos dibujos artísticos, hasta el punto de que un verano, que a Elenita León le catearon el dibujo, él le dibujó todo el cuaderno; la chiquilla aprobó con un notable sin dar un puñetero trazo. Y Pepe Anita recuerda difusamente que a finales de los años 50 vivió cerca de su casa un pintor, alto y con bigotito a lo Clark Gable. Y poco más. No, en cuestiones artísticas no podemos hablar mucho más.

Recivladores sin saberloCap. VLos Vayavaca

 

[1] La piedra caliza (carbonato cálcico) se calienta a 850º C para formar óxido cálcico [CaCO3 + calor → CaO + CO2] Esta cal viva se introduce en agua para producir hidróxido de calcio (cal apagada), que disuelto en agua se utiliza para encalar superficies [CaO + H2O → Ca(OH)2] Posteriormente, la acción del anhídrido carbónico ambiental vuelve a formar carbonato cálcico en las paredes [Ca(OH)2 + CO2 → CaCO3 + H2O] La costumbre de encalar las paredes se extendió profusamente durante el siglo XVIII como medida higiénica para combatir las epidemias de fiebre amarilla.  

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