El proemio de Pepe ‘Anita’

Hay cosas que la vida te da cuando ya apenas podías esperarlas, y su luz maravillosa, elemental, purísima, te hace feliz de pronto. Y desgraciado, pues comprendes que no te corresponde ese milagro ahora y que no debes a ciegas entregarte a lo que era propio tal vez de otro momento tuyo… Mas déjate llevar, y vive esa hermosura con coraje, sin miedo. A qué pensar en lo que conviene. Es muy fugaz la dicha. No la desprecies. Tómala. Y apura el fulgor del relámpago. Después, tiempo tendrás para seguir muriéndote.

Eloy Sánchez Rosillo

Feliz quien no exige de la vida más de lo que ella espontáneamente le ofrece, dejándose guiar por el instinto de los gatos, que buscan el sol cuando hay sol, y, cuando no lo hay, el calor donde quiera que el calor se encuentre.

A más de ciudadano del mundo, y natural de donde mandan el azar y la genética, pienso que el hombre es paisano del lugar donde vive, del sitio que le acoge. Gran parte de mi vida la estoy desarrollando donde…

…el castillo truncado,
el pueblo vertiéndose en sus olas,
el puente que recobra su tallo y lo anilla…

…según el poema que Jorge Urrutia dedicó a la ciudad de Jimena de la Frontera. Aquí, hace treinta años, me abrieron los brazos de la amistad, prometí amor a Olimpia y nacieron mis hijos: José Antonio y Ana María. Pero ello nunca ha sido óbice para tener muy a flor de piel recuerdos que siempre me han emocionado, y que llegaron a lo más alto cuando José Antonio me dijo: “Papá, hay una página web sobre Villajovita, y apareces en algunas fotos antiguas”. Quizás desde aquel momento, esté empezando a creer en los milagros.

Cuando me encaré con la página de Milan, no pude contener las lágrimas, era demasiada emoción. Los recuerdos se atropellaban. También se atropellaron los comentarios que en aquel momento le envié en un correo electrónico. Muy poquitos de aquellos viejos amigos del barrio se quedaron sin mencionar. Desde el principio intuí que el liderazgo que Milan podía ejercer entre nosotros, iba a servir, a poco que nos lo propusiésemos, para que mi sueño se convirtiera en realidad…

Permitidme, en este punto, un breve paréntesis. Mi padre, operario de Ybarrola, trabajó avituallando buques en los muelles del puerto de Ceuta. Muchos de ellos eran los llamados “Liberty”, americanos. A cuantos de sus tripulantes pudo, les relató parte de su historia familiar: quería localizar a su hermana de la que sólo sabía que vivía en New York. Por fin, un marino portugués, a quien se la refirió con su “chapurreado” inglés, le dijo: “José, si tu hermana vive en New York, tendrás noticias de ella”.

Y así fue. Este marinero localizó el apellido Carracao en un listín de teléfonos. Correspondía a una tal Anne Carracao, tercera mujer de mi abuelo (sabéis, que las norteamericanas toman el apellido de sus esposos) Se puso en contacto con ella y Anne lo hizo con su hijastra Isabel, la hermana que mi padre buscaba desde hacía 40 años. Después de un tiempo de correspondencia, Isabel y Jimmy (su esposo), nos visitaron en Ceuta, era el año 1957.

¿Por qué cuento esto? Porque mi padre, al que tanto desearía parecerme, me enseñó que la perseverancia es virtud. En cierta medida, creo haber actuado de similar forma en la búsqueda de los amigos que acompañaron mi infancia, porque, a pesar del tiempo transcurrido, nunca cayeron de mi pensamiento.

Hace años pude localizar a Juanlu (Juan Luis Caballero Rey) y con él a sus padres y hermanas; les visité en Las Palmas. Con la inestimable ayuda de Memín (Guillermo Sánchez González), localizamos a Mané (José Manuel Gómez Picaso), de quien no sabía nada desde que hicimos el Servicio Militar en Aaiún; y con él, a sus hermanos Antonio y Mariquita; los visité en Barcelona. Fue un encuentro inenarrable. También, gracias a Memín, localicé a Luis Hernández de Loma y a Javier Mosteyrín.

Algún tiempo antes, a Javier Sillero, Enrique Rey, a molécula (Carlos Sanz de Galdeano), Chiqui (Antonio León Molina), Eduardo Mestres. Lo de Antoñito Porras fue toda una proeza, ¡pero vaya si mereció la pena! Él y Jesús Damián Muñoz, me visitaron en el Senado; luego fuimos a Bilbao y nos reunimos con Juan Antonio Mancilla. Encontrar a Juanito Jurado no fue menos emocionante. Como lo fue localizar al Talega (Luis Valero Cuenca), a Totín (Antonio Muñoz Ramírez), a mi primo Yaye (Cayetano Viaga Cano), a Tobalo (Cristóbal Medina del Moral) y a un largo etcétera, a los que espero no volver a perder.

Ahora, el cariño, que en algunos casos hemos almacenado durante más de cuarenta años, lo ofrecemos a nosotros mismos. Creo que es preferible no hacerlo de golpe, que lo dosifiquemos para que dure mucho. Es herencia de nuestros mayores, ellos nos educaron para vivir en una gran familia. ¿No fue eso Villajovita?

Allí vivimos en auténtica solidaridad. ¿Os acordáis de las Nochebuenas en casa de las Primi? ¿De las películas del Gordo y el Flaco que nos proyectaba el Comandante Sillero en el patio de su casa? Sería prolijo, enumerar más situaciones de este tipo. ¿Se pedía algo a cambio? No. Sólo se correspondía con afecto sincero y con estar a la recíproca si posterior ocasión lo demandara.

¡Qué pena de no disponer de más espacio! Me costó comenzar, no sabía como hacerlo, pero le he tomado gusto. De todo corazón, os recomiendo que os adentréis en las páginas de este libro. A través de ellas, llegaréis a vuestra propia historia, la de cualquier niño que viviera en Ceuta en los años 60. Lo que ha escrito Milan, producto de innumerables testimonios, está hecho con tanto amor, de forma tan exquisita, que resulta impecable y, sin ningún lugar a dudas, os va a resultar extraordinariamente ameno. Sólo un ruego: seamos generosos y recomendemos su lectura más allá de las fronteras de Villajovita.

A los políticos nos gusta repetir que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. No siempre es cierto ese pronóstico, pero si fuese así, en esta ocasión creo que no sería ningún desastre.

Ningún tiempo es más precioso, inevitablemente, que el único relativamente nuestro: el que nos toca vivir. Pero nuestra vida está limitada a un breve momento. Una generación, por tanto, no pasa de ser un sumando en la constante operación secular de añadir días a días, vidas a muertes, hombres a hombres. Ahí precisamente creo que radica la importancia de una obra como ésta, de un trabajo tan cuidado y de resultado tan espléndido como el desarrollado por Milan y creo que justo reconocer, con la valiosísima ayuda de Aquilino Melgar Sánchez y de Francisco Díaz Rosas.

Siempre de todos

José Carracao Gutiérrez
Senador por Cádiz

Proemio Paco DíazINDICEProemio Aquilino
Murallas Merínidas
Villajovita, Ceuta, años 60.
La Muralla Merinida acompañó la niñez y primera juventud…
¡Si las piedras hablaran!
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