Cine Rex

Un grupo de amigos fundó el Centro Parroquial, Recreativo y Cultural de Villajovita: el Casino. Fue una entidad priva-da que encauzó muy bien las inquietudes culturales de un barrio que emergía con fuerza en los años iniciales de la década. Contaron con la colaboración del párroco don Francisco Almandoz Arburúa, que tenía alquilado el antiguo cine Rex por cuestiones parroquiales, pero lo cedió para que se usara como local del futuro casino.

Foto cortesía de Aquilino Melgar. Se aprecia el Cine Rex en 1959, junto al descampado que llamábamos Llano de Mariquita.

El cine Rex fue una pequeña sala de barrio que explotaban dos socios (uno de ellos se llamaba Lozano) A finales de los años 50 pasaban películas de forma esporádica –Pepito Acosta vio ahí El Libro de la Selva– y en su escenario también se representaron funciones de teatro aficionado. Pudo ser en 1960 cuando ofrecieron la última película infantil. No recuerdo cual era, pero la entrada costaba seis perras gordas, servidor lo recuerda porque sólo consiguió reunir dos reales y el portero no consintió en dejarme pasar. Estos traumas infantiles ayudan a fijar la memoria, pero se superan con el tiempo. Antes de ser cine, en el edificio existía una carpintería que perteneció a un señor apellidado Ortega; y antes era un solar donde jugaban don Miguel Señor, don José Acosta, don Alfonso Espinosa y demás niños que hoy son nuestros mayores.

Octubre de 1963.Credencial del socio José Barrientos Chicada. Ilustre futbolista, yerno de doña Jovita y padre de Pitoño y Quica

Los socios fundadores del Casino fueron un grupo de nuestros mayores. Un grupo de gente con inquietudes, amigos que solían jugar al fútbol y tomar sus copitas en comunión. A este grupo pertenecieron don José Acosta Larios, don José Pendas, don José Varea (padre de José Carlos y Maricarmen), don Manuel Sentís Ramírez (padre de Rosi, Antoñita y Juan Manuel), don Miguel (el de la tienda, padre de Miguelito tocatocalamortocha), don Ramón Galindo (padre de Lourdes, José Manuel y Ramón), don Alfonso el guardia (padre de Alfonsito el huevo), etc. El primer presidente, un hombre muy dinámico para los tiempos que corrían, que siempre se rodeó de excelentes colaboradores, fue don José Pendás. Otros presidentes que dedicaron su tiempo y esfuerzos fueron don José Acosta Larios, don Manuel Ramírez, don Alfredo Ronda, don Gregorio Basurco, don Juan Checa, don Julio Rodríguez, etcétera. El secretario y alma del casino durante muchos años, fue don Antonio Rodríguez el Pichi. Y uno de los que enarbolaron la bandera hasta el final, junto a otros pocos, fue Andrés Gómez Fernández, maestro de corazón y vocación, habitante desde muy pequeño de la Colonia Weil, cuñado de Pepito Carracao y hermano de Maritere, la rubia de la droguería Espí, la que, sin saberlo, vendía a servidor azufre para hacer pólvora y ácido nítrico para la nitroglicerina. Prácticamente todos los vecinos de Villajovita fueron socios numerarios del Casino.

Las sucesivas Juntas Directivas dieron una oportunidad a los que tenían inquietudes artísticas. Es decir, los que se subían al escenario, en numerosas ocasiones, fueron los propios vecinos del barrio. Sí, sin duda tomaron iniciativas y organizaron actividades que contribuyeron a cohesionar la barriada de una forma intangible pero efectiva. Fue lo más cercano que tuvimos a una asociación de vecinos; pero, no confundamos, la especie de conciencia colectiva que generó no fue consecuencia de una comunidad de ideas, porque de eso no se hablaba –la política no existía entonces, y la crítica, los que lograran desarrollar tal sentido, se auto silenciaba–, lo que logró el Casino fue reunir a los vecinos en torno a la barra del ambigú y a una conversación que podía ser amable o brusca, pero siempre deseada; nos hizo disfrutar del escenario, ocupado por un televisor, por una obra de teatro o por el mago que se metía en la boca cuchillas de afeitar y un cordel, y luego las sacaba ensartadas. El mismo que sacaba monedas de las orejas de todos los niños del salón –¿cómo podía ser eso?–; nos hizo competir y crear camaradería con partidas de cartas o dominó; nos sentó a leer periódicos y los libros de su biblioteca; nos hizo del mismo equipo de fútbol; nos hizo pensar con el ajedrez. Gracias al Casino admiramos a las sucesivas mises que ocuparon el trono de la belleza en Villajovita –Chelito Verdejo, Feni y Anita Carracao; las dos hijas de Sebastián Morales, persona muy vinculado al Centro; las hijas de Juanito Alguacil el Batato; una hija de Julio Rodríguez, etc.–, y nos hizo bailar y compartir la alegría del año nuevo después de las campanadas, o nos hizo disfrutar con la ilusión de los pequeños durante la cabalgata de los Reyes Magos. Y eso fue mucho… tanto, que parte del recuerdo feliz que conservamos aquellos niños y jovencitos de los años 60 se debe al Casino y a las cosas que ocurrieron en su entorno.

Cap. IVEl patio de Feni
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