Ajedrez y dominó

Efectivamente, sirvió para otras cosas. El Casino fue el auténtico centro cultural durante la década. Muchos de esos chicos dejaron de buscar el punto “G” de la maquinita y se implicaron en tareas más provechosas como jugar al ajedrez, y algún adelantado, al dominó con los mayores.

El antiguo gallinero del cine Rex, ya que estaba en un primer piso, se habilitó como zona reservada para juegos de mayores. Es decir, se jugaba al dominó en sus variadas formas (pínfano, chamelo y garrafina), y a las cartas, generalmente tute subastado (pero seguro que se formaron sus buenas e inconfesables timbas de póquer) Esa parte de arriba, por obvias razones, era zona prohibida para los chicos, pero cuenta Pepito Carracao –a saber con qué grado de veracidad porque todos estos jugadores son enormes fanfarrones– que a él le aceptaron porque comprobaron que estaba a la altura de ellos –el pichi, Alberto el carnicero y sus hermanos, Dionisio y Paco; Santiago el nene y Florentino el chacho eran muy malos y siempre estaban regañando– Y dice que compartió podium con Alfonso el guardia, Ramón Galindo y el maño en un campeonato de tute subastado.

En la órbita del Casino hubo ajedrecistas tan buenos que llegaron a alcanzar un nivel reconocido oficialmente. Entre los mayores estaban don José Acosta Larios y Antonio el pichi, incluso Miguel Martín, que fue presidente de la Federación de Ajedrez de Ceuta. Pepito Carracao –el niño anteriormente conocido como Pepe Anita– enseñó ajedrez a los pequeños como Javier Mosteyrín, que llegó a alcanzar un notable nivel, y a Antoñito Porras. Otros jóvenes ajedrecistas muy buenos fueron Guillermo Sánchez[1](Memín) y Pepito Acosta. De Memín era esperable porque se veía en él seriedad y seso, pero de Pepito Acosta jamás lo diría nadie porque lo suyo, su disposición ante la vida, era, digamos, más prosaica. Incluso Pepito Carracao llegó a ser jugador preferente, categoría que ganó en un campeonato en toda regla.

La afición de todos ellos les llevó a organizar una partida simultánea contra don Arturo Pomar, maestro internacional y campeón de España en numerosas ocasiones. Por ese tiempo estaba en la cumbre de su fama. Ese año le invitaron a desarrollar una simultánea en el Casino de Villajovita y fue todo un acontecimiento. Pero ese preciso día, el jugador preferente Pepe Anita tuvo el pobre un ataque diarreico que a punto estuvo de impedir que se midiera con don Arturo. Menos mal que su padre, conocedor de viejos trucos, le proporcionó un vasito de ginebra que le cortó en seco las deyecciones y el chiquillo pudo jugar su partida… algo obnubilado, pero la disputó. Por supuesto, don Arturo Pomar ganó a todos, chicos y mayores, excepto unas tablas que ofreció a Javier Mosteyrín, un chico que más tarde llegó a ser campeón regional, por tanto, se le veía venir. Pero lo extraño fue que el maestro también ofreciera tablas a Antoñito Porras. Tal vez fuera cortesía, pero sirvió para que la micurria de niño saliera con el ego subidísimo.

Antoñito Porras Artero, el de la bici roja, la micurria de niño que hizo tablas con don Arturo Pomar en 1966.
Los periódicos del CasinoCap. IVCap. V

 

[1] Los Sánchez González era tres hermanos: Juan Antonio, Guillermo (Memín) y Mary Pili. Vivían en las casas de Basurco, debajo de los Mosteyrin o Coiduras.  

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